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15-06-2006 |
Tomado del libro "Cuba es una isla"
Respuesta cubana a la Ley Helms-Burton
Danielle Bleitrach y Viktor Dedaj
Los
cubanos replicaron en dos tiempos mediante la adopción de
dos leyes. La primera (Ley 80 de diciembre de 1996, o Ley de la
Reafirmación de la Dignidad y de la Soberanía Cubana)
constituye la primera réplica cubana a la Ley Helms-Burton.
Entre los numerosos considerandos de esta ley, se encuentra: «El
pueblo cubano nunca permitirá que el destino de su país
sea regido por leyes dictadas por una potencia extranjera».
La Ley 80 declara que la Ley Helms-Burton es desigual, inaplicable
y sin valor jurídico. «Se declara ilegal toda forma de
colaboración, directa o indirecta, destinada a favorecer la
aplicación de la Ley Helms-Burton.» La Ley precisa
también cuáles son los tipos de acción
considerados como ilegales: brindar una información que
favorecerá la aplicación de la Ley Helms-Burton y
difundir propaganda a su favor, etc.
La Ley Helms-Burton
hace referencia frecuentemente a los «bienes usurpados »
por la Revolución Cubana. Los cubanos hablan de
expropiaciones, y estas últimas no conciernen sólo a
los bienes de origen estadounidense. Pero si los bienes de otro
origen, que no es estadounidense, han sido correctamente
indemnizados por el nuevo poder cubano, las expropiaciones de los
bienes estadounidenses no han podido ser indemnizadas nunca por una
razón muy simple: los Estados Unidos no lo han permitido. En
efecto, el Gobierno cubano había previsto el financiamiento
de la indemnización de los bienes estadounidenses mediante
la venta de las cuotas azucareras previstas a los Estados Unidos,
pero estos últimos suspendieron esas cuotas. Además,
a principios de los años 60, el mismo Tribunal Supremo de
los Estados Unidos reconoció la legalidad de las
expropiaciones efectuadas en Cuba. Pero el embargo de los Estados
Unidos y el arsenal jurídico anticubano posteriormente
hicieron toda indemnización técnicamente imposible.
Dicho esto, la Ley 80 precisa que el derecho a la indemnización
se perdió para aquel o aquella que utilice la Ley
Helms-Burton para intentar obtener una compensación por la
pérdida de sus bienes.
Pero al no lograr los Estados
Unidos resultados tangibles, vía presiones económicas
y actos de terrorismo recurrentes, es urgente la constitución
de una fuerza anticubana en la isla. Como en Nicaragua en los años
80, se trata de crear una fuerza que pueda aparentar ser una
«oposición democrática » y que sólo
se utilizaría durante una transición antes de que los
autoproclamados dueños tomen el verdadero poder.
Esta
tarea es similar a la que le fue confiada a John D. Negroponte,
embajador en Honduras en su época, contra Nicaragua. John D.
Negroponte, acusado por las organizaciones humanitarias de
complicidad con los escuadrones de la muerte que actuaron en
Honduras durante su reinado, se convirtió entretanto —
gracias a los atentados del 11 de septiembre — en embajador
de los Estados Unidos en la ONU. Fue nombrado en abril del 2004
embajador en Iraq, para reemplazar a Paul Bremen, y llevar una
política como él sabe llevarla, con escuadrones de la
muerte, contra la resistencia iraquí, que asegurara la
reelección de G. W. Bush. Cuando decimos que la Mafia nunca
estuvo lejos…
En lo referente a Cuba, la tarea será
confiada a un amigo de Otto Reich y de Negroponte. Acólito
desde siempre de sus bajezas en América Central, he aquí
a James Cason.
LA PRIMAVERA DEL 2003 Y EL VERDADERO PAPEL
DE EUROPA
Entonces, no es por casualidad que en marzo del 2003
la actualidad de Cuba parece acelerarse. En el jaleo de los
preparativos de la guerra estadounidense contra Iraq, los medios de
prensa occidentales anuncian dos noticias que parecen consecutivas:
el arresto de 70 «disidentes», así como la
condena a muerte de tres piratas marítimos. El periódico
francés Le Monde hablará sobre «el fin de la
primavera cubana». No recordamos que Le Monde haya anunciado
la llegada de esta primavera que parece súbitamente lamentar
tanto.
La campaña mediática contra Cuba que
siguió posteriormente fue de una violencia extraordinaria.
La palabra, como siempre, fue dada exclusivamente a las figuras
locales de la «disidencia» cubana y sus aliados.
Las
autoridades cubanas habían previsto estas situaciones. Pero
después de haber sopesado el pro y el contra, decidieron
tomar las medidas que parecían imponerse. ¿Cuál
era entonces el peligro que pesaba sobre la isla para que el
régimen cubano se comprometiera con acciones que sabía
por anticipado que se volverían en su contra? Según
los medios de prensa occidentales, esto no era más que el
agonizante comunismo que «aprovechaba » la Guerra del
Golfo para hacer un poco de limpieza en las filas de la oposición.
Es con este tipo de análisis que se escribe un artículo
publicable en la prensa. Pero la realidad es que semejante análisis
es falso. ¿Entonces, cómo describir la primavera del
2003 en Cuba?
Vistos desde Washington, la guerra contra
Iraq, y su «éxito» aparente, ofrece a los ojos
de algunos una excelente cobertura para poner a Cuba en el punto de
mira. El 11 de abril del 2003 Jeb Bush, el Gobernador de Florida y
hermano del Presidente declaraba: «Después del éxito
(sic) de la guerra en Iraq, nuestro país debe tornar su
mirada hacia su vecindario, es decir, hacia el régimen de
Castro». Por otra parte Miami es la única ciudad en el
mundo dónde se ha hecho una manifestación a favor de
la guerra contra Iraq y donde las pancartas clamaban sin
ambigüedad: «Hoy Iraq, mañana Cuba».
Visto desde La Habana, y especialmente desde las embajadas
europeas, entre ellas la de Francia, el análisis de los
sucesos de la primavera del 2003 es un poco diferente.
En
septiembre del 2002, la Oficina de Intereses de los Estados Unidos,
que actúa como Embajada después de la ruptura de las
relaciones diplomáticas entre los dos países, cambia
de representante. El antiguo representante «Vicky»,
como se le llama familiarmente en La Habana según la
costumbre cubana de sólo utilizar los nombres —incluso
en el caso del Jefe del Estado— ya no tiene el suficiente
espíritu combativo para llevar a cabo una nueva operación
que se prepara. Mientras el toma el avión hacia su nuevo
destino en Mali, arriba el nuevo representante de los Estados
Unidos en Cuba. El susodicho James Cason.
La mayor parte de
los embajadores europeos en La Habana recuerdan todavía su
primer encuentro con el nuevo representante de Estados Unidos. En
el transcurso de una comida, James Cason les explica, apoyándose
en un gesto de boxeador, que él ha venido a poner KO a Fidel
Castro. Un embajador desconcertado protesta ante lo que es
necesario llamar justamente una injerencia incompatible con la
función de diplomático. La señora - ni
siquiera el señor - Cason se gira hacia el embajador y lo
amenaza: «Me habían prevenido de que aquí había
agentes del régimen. Su Gobierno será advertido».
Cierto, los estadounidenses hablan como amos y los embajadores
saben que pertenecen al mismo bando, pero esta ausencia de
compostura les choca. Sin embargo la señal está dada
y todo el mundo comprende que Cason no ha venido a Cuba para
andarse con protocolos.
A los ojos de la administración
estadounidense, todas las opciones para derrocar el régimen
han estado siempre abiertas: desde la agresión militar
directa hasta la constitución ex nihilo de una sociedad
civil que supuestamente representa a una oposición
democrática llamada a servir de relevo para el retorno del
control de la isla a los Estados Unidos. La primavera del 2003 verá
la implementación de estas dos opciones. James Cason es el
encargado, desde el 2002, de preparar el terreno.
Contrariamente
a los usos y costumbres, a los acuerdos de Viena, James Cason, de
representante de los Estados Unidos deviene rápidamente en
embajador itinerante stricto sensu. Recorre la isla a todo lo largo
y ancho para distribuir, a la vista y con conocimiento de todos,
dinero, receptores de radio (con la intención de ofrecer a
los cubanos la oportunidad de informarse a través de los
medios de prensa libres) material de impresión…
Ostensiblemente recibe cubanos en la Oficina de Intereses de los
Estados Unidos en La Habana. Algunos son portadores de un pase
válido 24/24 horas que les da libre acceso a los locales de
la representación estadounidense. James Cason distribuye
dinero y les da órdenes. Por otra parte los acuerdos
migratorios entre Cuba y los Estados Unidos prevén el
otorgamiento de por lo menos 20.000 visados de inmigración
anuales a los cubanos, pero James Cason se las arregla para sólo
dar un millar y espera así hacer bullir un poco más
la olla, y posiblemente incluso provocar un incidente diplomático
entre Cuba y Estados Unidos.
Las protestas del Gobierno
cubano ante estas conductas «poco diplomáticas »
reciben como respuesta de rigor la de no recibidas por parte de los
Estados Unidos. Pero el régimen cubano, que conoce muy bien
a su adversario, ya ha puesto a sus hombres a vigilar toda esta
agitación.Durante este tiempo, la guerra de Iraq se perfila.
La administración Bush no tiene la intención de
perder demasiado tiempo en una expedición que se anuncia ya
como una «guerra relámpago» contra un país
agotado por años de embargo y cuyo arsenal de armas de
destrucción masiva, así como sus supuestas relaciones
con Al Qaeda, son tan notorias como la buena fe del Gobierno
estadounidense… Por otra parte, en el patio trasero de los
Estados Unidos, América Latina, se acumulan otros problemas
que ponen nerviosos a los dirigentes estadounidenses. Entre ellos,
la resistencia inesperada en el continente latinoamericano al
tratado del ALCA (zona de libre intercambio de las Américas),
tratado destinado a desestabilizar el conjunto de mercados y
abrirlos a las mercancías, y provecho, norteamericanos.
A
principios del año 2003, la acción de James Cason
parece arrojar algunos resultados: en el espacio de algunas semanas
ocurren diecinueve desvíos de aviones y embarcaciones. Las
autoridades cubanas logran hacer fracasar la mayor parte de estas
acciones, pero el plan puesto en marcha parece claro: es necesario
demostrar que Cuba no controla ya su espacio aéreo, ni el
marítimo. ¿Por qué? Ciertamente no para
«demostrar» una incapacidad de las autoridades para
controlar su territorio, pues la retórica y las amenazas
estadounidenses se hacen cada vez más precisas.
El
Departamento de Estado de los Estados Unidos establece cada año
una lista de países «oficialmente» calificados
(por el Departamento de Estado) como países «terroristas».
En ella Cuba ocupa un lugar destacado, aunque ese país haya
sido víctima de la mayor campaña de terrorismo jamás
perpetrada contra un país, y fomentada por los mismos que la
acusan de terrorismo. Los motivos invocados por el Departamento de
Estado para poner a Cuba en la lista son, como todos los motivos
invocados por este Departamento de Estado, un tanto inconsistentes.
Poco importa, el Departamento de Estado de los Estados Unidos no
necesita base alguna para emitir estas acusaciones, le es
suficiente formularlas para que sean repetidas a coro por los
medios de prensa occidentales. Antes de que sonara el primer
disparo en Iraq, la administración Bush parecía tener
en mente a Cuba. «Los Estados que recurren al terrorismo y a
las armas de destrucción masiva deben ser detenidos»,
declara John Bolton, Subsecretario de Estado para el Control de
Armamentos y la Seguridad Nacional en el 2003. «Los Estados
que renuncien al terrorismo y a las armas de destrucción
masiva podrán unirse a nuestros esfuerzos. Pero los otros
deben atenerse a verse convertidos en nuestro objetivo.»
Bolton, Cason, Otto Reich, Noriega (protegido del senador Helms)
forman parte del mismo equipo, el que alrededor del ex embajador de
Honduras, Negroponte, implantó en combinación con
Álvarez, el hombre fuerte del país, el escuadrón
de la muerte conocido bajo el nombre de Batallón 316. Esta
unidad, creada por Álvarez, que recibía un
entrenamiento en técnicas de tortura brindada por los
antiguos veteranos de la «guerra sucia» en Argentina y
por la CIA (según una serie de artículos premiados
con el Premio Pulitzer aparecidos en el periódico Baltimore
Sun, que había investigado, entre otras cosas, el
controvertido papel de Negroponte en Honduras) es altamente
sospechoso de haber hecho «desaparecer» a más de
180 «subversivos» a principios de los años 80.
En aquella época, todo hondureño opuesto al papel de
base trasera atribuido a su país por el Presidente Reagan en
su guerra contra los sandinistas era considerado «subversivo».
Bolton aborda la cuestión de las amenazas
potenciales que Cuba podría representar cuando declara ante
la Comisión Internacional de la Cámara de
Representantes: «Creo que hay una gran probabilidad de que un
programa de investigación y desarrollo de armas
bacteorológicas sea llevado a cabo en Cuba. La
administración piensa que Cuba representa siempre una
amenaza terrorista y bacteriológica para los Estados
Unidos». Como en el caso de Iraq y sus armas de destrucción
masivas que nunca se encontraron, ningún elemento o
información precisa fue presentada para apoyar estas
afirmaciones. Para dejarlo bien claro, el Presidente Bush afirmó
que quería «provocar el final pacífico»
del régimen castrista. Para esto el presidente creó
en el 2003 una comisión especial encargada de encontrar los
medios para llegar justamente a este fin. La comisión debía
rendir su primer informe el 1 de mayo del 2004.
Cuba es
pues, un país «terrorista». La falta de control
del espacio aéreo y marítimo de un país
«terrorista» brinda un pretexto ideal para una «guerra
preventiva». Y la retórica de las autoridades
estadounidenses sigue de cerca la curva del número de
«desvíos». A cada nuevo incidente, las alertas y
amenazas por parte de los Estados Unidos se multiplican y se tornan
más precisas. Hasta decir que Cuba representa ya, según
las autoridades estadounidenses, «una amenaza para la
seguridad nacional (de los Estados Unidos).
Abramos un
paréntesis. En toda actividad humana, y particularmente en
la política internacional, existe un lenguaje de iniciados
hecho de frases insoslayables, de expresiones reservadas, de
fórmulas consagradas. Así, un encuentro en la cumbre
entre dos dirigentes que se desarrolla en un ambiente «franco»
significa que se han tirado los platos por la cabeza. Que un
gobierno se declare «preocupado» por la situación
en un tercer país, esto significa en realidad que estima que
sus propios intereses están en juego y que no va a tardar
(si no lo ha hecho ya) en intervenir en los asuntos de dicho tercer
país. La «amenaza de la seguridad nacional de los
Estados Unidos» representa para los dirigentes políticos
estadounidenses una especie de grito de guerra, o de reclutamiento,
enviado a todos los miembros de esta clase. Significa el fin del
recreo, de las disputas y el momento de cerrar filas. Previene a
todos los iniciados del mundo entero de que «aquello va a
arder» y que aquellos que tengan interés en hacerlo
pueden todavía recoger sus bártulos. Ningún
iniciado se encoge de hombros cuando un alto dirigente
estadounidense pronuncia las palabras «amenaza para la
seguridad nacional de los Estados Unidos».
¿Ronald
Reagan no había invocado una «amenaza para la
seguridad nacional de los Estados Unidos» hablando en los
años 80 del minúsculo ejército nicaragüense?
Según él, aquel ejército sólo se
encontraba a «dos días de marcha de Texas».
Ronald Reagan declara incluso un estado de alerta en los Estados
del Sur de los Estados Unidos. Todo esto se prestaría a risa
si no fuera por los 40.000 muertos que hubo posteriormente en
Nicaragua por la guerra de baja intensidad que los Estados Unidos
desarrollaron contra ese pequeño país —uno de
los más pobres del mundo. El Tribunal Internacional de
Justicia de La Haya acabó por condenar a los Estados Unidos
por «terrorista», único país occidental
en haberlo sido, pero nadie lo recuerda. Fíjense, es normal,
nadie lo recuerda. Así pues, la «falta de control del
espacio aéreo y marítimo» de un país
calificado de «terrorista» representa, forzosamente,
una «amenaza para la seguridad nacional». ¿De
quién? De los Estados Unidos. Recordemos que en esa época,
la intervención militar de los Estados Unidos en Iraq no
debía ser más que un simple paseo y no debía
durar más que unas simples semanas. A los ojos de los
dirigentes de Estados Unidos, Iraq representa un botín de
guerra suficientemente valioso para merecer no una, sino dos
guerras. Pero en la mitología de la clase política
estadounidense, Iraq no es nada comparado con Cuba. Cuba, la isla
que ha visto desfilar a diez presidentes estadounidenses sin ceder.
Que ha osado ser independiente en el patio trasero de los Estados
Unidos. Cuba, que ha osado desafiar la supremacía del
Imperio. Cuba, que no tiene más que 12 millones de
habitantes. En fin, Cuba, que está a sólo 150 Km de
La Florida… Y si París bien valía una misa,
Cuba bien vale una «guerra preventiva». Sobre todo si
ésta puede acompañarse de la «la protesta de
algunos «disidentes» asalariados.
Resumamos, en
el 2002 se implementa un escenario. Se prevé el calendario.
En vísperas de las elecciones presidenciales del 2004: un
paseo militar a Iraq seguido de una invasión preventiva a
Cuba aseguraría una victoria para el llamado campo
neoconservador, sobre todo en el Estado de Florida, al cual el
Presidente George W. Bush debe ya su primera «elección
», por lo demás bastante dudosa. La operación
está programada, James Cason es enviado a La Habana para
organizar la provocación.
La respuesta firme de las
autoridades cubanas, sus alertas, sus denuncias incesantes no
tendrán, como es habitual, ningún eco en los medios
de comunicación occidentales. Su dossier, sin duda
fundamentado, no será jamás discutido o presentado en
Francia, ni en otra parte, ni siquiera para contradecir su
contenido.
En La Habana, el personal diplomático
está aterrado por la versión de los hechos presentada
en Francia. No solamente el personal francés, sino todo el
personal de las embajadas europeas analiza la actitud de James
Cason como una provocación a la que el Gobierno cubano está
obligado a responder. Pero la conminación de los Estados
Unidos a someterse a su estrategia, expresada con cierta brutalidad
por la pareja Cason a los embajadores europeos radicados en La
Habana, toma cuerpo.
Es así que el 14 de febrero del
2003 (el hecho nos ha sido informado por tres fuentes diferentes),
en una reunión de embajadores europeos, el embajador de la
Gran Bretaña propone a sus estupefactos colegas que sean
invitados los «disidentes» a las celebraciones de las
fiestas nacionales de los diferentes países europeos, al
igual que el Gobierno cubano. Notemos ante todo que la fecha del 14
de febrero del 2003 se sitúa antes de los «sucesos»
que se considera que ocasionaron la campaña de virtuosa
indignación y las sanciones europeas. En ese momento todavía
no hay tres penas de muerte pronunciadas en contra de terroristas,
ni arrestos en el entorno de James Cason seguidos de procesos.
Cinco embajadores de once protestaron, los de Austria, Bélgica,
Francia, Grecia y Portugal. A la salida otros se unieron al coro de
protestas, el de Alemania en particular. Para comprender el
sobresalto de estos embajadores, es necesario darse cuenta de que
así se produce una violación manifiesta de la
Convención de Viena, que debe respetar el cuerpo diplomático
en el extranjero. Esta proposición es tan incongruente como
si la embajada de Cuba en París hubiera querido invitar para
el 26 de Julio (fiesta nacional cubana), a título oficial y
en igualdad de tratamiento, al Gobierno francés, al
Presidente de la República y a los nacionalistas corsos,
para destacar su apoyo a su lucha (97).
Notemos igualmente
que si los «sucesos» todavía no han tenido
lugar, el decorado ya está preparado: en los medios de
comunicación franceses se invita ya a la izquierda francesa
a romper con Fidel Castro como «respaldo» al periódico
Le Monde , y ya está previsto un régimen de
sanciones: de alguna manera es el castigo preventivo. El «libro»
de Raffy sobre Fidel Castro (Castro el infiel) está ya en la
imprenta.
Cuando se producen los acontecimientos del 5 de
junio del 2003, en el contexto que hemos descrito, el Gobierno
cubano conoce por la prensa las sanciones de Bruselas, y en
particular la conminación hecha a los embajadores de invitar
a los disidentes a sus fiestas nacionales. Se van celebrando las
fiestas nacionales, y el escenario es siempre el mismo. Para el 14
de julio, ningún representante del Gobierno cubano se
presenta en la embajada de Francia, y tampoco numerosos franceses,
en particular aquellos instalados desde hace tiempo en Cuba y que
desaprueban esta ofensa hecha al Gobierno cubano.
Desde el
día siguiente el embajador francés queda «restricto»,
es decir, que no puede sobrepasar un perímetro restringido,
no puede recibir a ningún funcionario y toda cooperación
entre el Gobierno y la embajada queda suspendida.
Tras cada
nueva fiesta nacional hay un nuevo restricto. En ese momento, en La
Habana, se aburren en las embajadas, de ahí sin duda la
favorable acogida dada a una petición de entrevista y la
posibilidad de escapar a su obligada reserva, a condición de
que esté garantizado el anonimato. En ese medio entonces tan
cerrado, en todo el sentido del término, se ironiza sobre
Polonia, que demostró demasiada eficacia; la fecha de su
fiesta nacional la ponía al abrigo de la situación,
pero entonces se inventó una fiesta nacional en octubre. El
veredicto fue el mismo: «restricto». Si cosas así
pasan en todas partes del mundo, como pasaron en Cuba, se comprende
el malestar que desembocó en el mismo 2003 en una huelga del
personal de las embajadas francesas. Cierto, éste se quejaba
de la falta de medios financieros para garantizar la presencia
francesa en el extranjero, pero cuando las carencias se refuerzan
con la incoherencia de las misiones, incoherencia sobre la cual el
personal es invitado a ser discreto, el descontento es completo.
Pero no sólo es así en Francia. Numerosos embajadores
europeos están desorientados. Los más vinculados con
la construcción europea denuncian el papel de la España
de Aznar y de Polonia, de los cuales afirmaban que cumplían
una misión encargada por los Estados Unidos, la de impedir
la construcción de una Europa independiente. Pero la razón
fundamental de este alineamiento de Europa con los Estados Unidos
es que ambos, quiérase o no, están en el mismo bando.
En poco tiempo los embajadores, que no eran precisamente
personas que sientieran una inclinación irresistible por el
socialismo de Castro, tuvieron que sufrir las provocaciones del
señor Cason y después una invitación a violar
la Convención de Viena. Por añadidura, los
embajadores descubren con estupefacción que las sanciones
fueron tomadas en Bruselas con precipitación. En vísperas
de un largo fin de semana, los miembros de la Comisión
fueron invitados a expresar su oposición antes del final del
mismo, de lo contrario su silencio sería considerado como
una aprobación. Pero, sin duda, lo que más indigna a
los embajadores es que se dice que las sanciones fueron
consideradas dedido a la petición unánime de los
embajadores europeos de La Habana.
Los críticos,
aquellos que Cason y su esposa consideran como «agentes»
del régimen, comienzan a ser sancionados. Aprovechando un
conflicto interno en la embajada de Francia, el embajador Jean Levy
es llamado a París. No le dan ningún puesto en el
extranjero. Es lo que se llama «guardarlo en el armario».
Para mayor seguridad se le reemplaza por la esposa de un
funcionario norteamericano. El embajador de Portugal, como Vicky,
es enviado a África.
La opinión sobre la
actitud del Gobierno francés fue unánime en las
cancillerías occidentales en La Habana: Francia busca
hacerse perdonar su postura respecto a Iraq, sin duda para obtener
algunas migajas del pillaje.
No hay dudas tampoco sobre la
conminación de los ambientes franceses de los grandes
negocios. Todo este bello mundo un poco trastornado recuerda que
pertenece al mismo bando y se reconcilia a costa de Cuba.
No
se puede comprender nada de lo que sucedió en Cuba en la
primavera del 2003 si no se colocan los acontecimientos en la
guerra económica, política, ideológica, bajo
la cobertura de la defensa de los Derechos Humanos y contra el
terrorismo que sostienen desde hace más de cuarenta años
los Estados Unidos contra Cuba. Armado el dispositivo, y
singularmente después de la llegada al poder de Aznar,
Europa y Francia están encargadas de cubrir el aspecto
«ideológico».
Los cubanos conocen muy
bien a su adversario y saben de lo que son capaces: el seguimiento
de esta situación desde hace más de cuarenta años
los hace conocerlos muy bien. Por otra parte ellos tienen un
principio general: no se transige con la soberanía nacional.
Así es que cuando los cubanos decidieron en la primavera del
2003 responder con determinación a las provocaciones de
James Cason, es porque estimaban que el peligro lo exigía y
que la soberanía nacional estaba amenazada. A propósito
de los acontecimientos que sucedieron en la primavera del 2003,
muchos amigos de Cuba se inquietaron, preguntándose: ¿no
se trataría de un error que haría girarse a la
opinión pública contra Cuba?
Gentes de las que no
se puede sospechar la menor indulgencia respecto al imperialismo
norteamericano se manifestaron en contra de la pena de muerte. ¿Era
necesario llegar a esto? Como respuesta a esta pregunta un miembro
del Comité Central cubano nos respondió con el
análisis siguiente: «James Cason tenía orden de
actuar de esta forma para ser expulsado.. Nunca se debe hacer lo
que quiere el enemigo. Nosotros tuvimos que detener definitivamente
los desvíos ejecutando a los que cogían rehenes.
Teníamos que aislar a James Cason, golpear su entorno, sus
contactos. Sabíamos lo que nos esperaba, la campaña
que iba a desatarse. Fue necesario descubrir la identidad de
nuestros agentes, ¡claro! Y aún queda mucho. Nosotros
sopesamos los inconvenientes, pero el riesgo era demasiado grande,
¡era necesario actuar!»
El hecho es que en este
primer round, la administración norteamericana parece haber
comprendido el mensaje: en junio del 2003, por primera vez, un
tribunal de La Florida condena a dos piratas del aire cubanos. Es
la primera vez en 45 años. En julio del 2003, los autores de
un desvío de un barco con toma de rehenes son reenviados a
Cuba con el propio barco.
Se trata de una primera vez. Hasta el
momento los barcos y aviones secuestrados habían sido
vendidos en subastas (una vez más en violación
flagrante del derecho internacional sobre actos de piratería).
En abril del 2004, un juez de Florida va finalmente a condenar a
estos piratas a largas penas de prisión (después de
que el jurado los declarara culpables): es la segunda vez.
En
Cuba, James Cason, restricto en un perímetro restringido
como un vulgar embajador europeo, se aburre esperando. No fue
devuelto. No hubo ruptura oficial. Cierto, los Estados Unidos,
enredados en Iraq, no desean abrir un nuevo frente y por el momento
hablan de un ALCA más «suave», de acuerdos
bilaterales con los diversos gobiernos de América Latina
para aislar más a los contestatarios del continente.
Pero
los Estados Unidos saben bien que no tienen el menor pretexto para
invadir Cuba. La Administración norteamericana comprendió
rápidamente que la maniobra fracasó. A pesar de los
gritos de algunos pseudo defensores de los Derechos Humanos que
tienen acceso a la prensa parisina, a pesar de la campaña
masiva de esta última, no hay justificación alguna
para una invasión. No hubo ruptura de las magras relaciones
existentes entre Cuba y los Estados Unidos. Ya no había
«peligro por la seguridad nacional de los Estados Unidos»
a causa de la incapacidad de un gobierno «terrorista»
para controlar su espacio aéreo y marítimo. Ya no
había razón para que el Gobierno de Bush tomara
medidas «enérgicas» para «proteger a los
conciudadanos de los riesgos terroristas». No había
pues pretexto para una «guerra preventiva».
EUROPA:
SIEMPRE MÁS ABAJO, SIEMPRE MÁS FUERTE…
En
abril del 2004, el Departamento de Estado redacta un texto de
condena a Cuba por violación de los derechos humanos que
hace presentar a Honduras a cambio de algunas contrapartidas
financieras. De esa misma forma consiguió el apoyo de
algunos países de América Latina, el de los países
europeos, y sus aliados de la coalición contra Iraq, en
particular Australia. El texto fue votado con 21 votos a favor y 20
en contra. Entre los miembros de la delegación de Estados
Unidos se encuentra un terrorista famoso.
A su vez, Cuba
propuso una moción para que se condenara la violación
de los derechos humanos en Guantánamo, esta zona sin derecho
en la que los Estados Unidos tortura y retiene a individuos de
origen extranjero sin la menor base para una acusación.
Golpe de teatro: los cubanos retiran del voto la moción.
Enseguida la prensa, Le Monde a la cabeza, afirma que Cuba ha
retirado su propuesta sobre la violación de los derechos
humanos en la base de Guantánamo. He aquí la
información sobre la conferencia de prensa ofrecida por
Felipe Pérez Roque, Ministro de Relaciones Exteriores. El
Canciller cubano afirmó en La Habana que Cuba presentaría
el problema del campo de concentración que los Estados
Unidos han creado en la base de Guantánamo en todos los
foros que juzgara apropiados. El Ministro señaló que
no se trata del aplazamiento del voto de la propuesta de resolución
sobre la «cuestión de las detenciones arbitrarias en
la zona de la base naval de Guantánamo», presentada a
la Comisión de Derechos Humanos de la ONU, con el fin de
impedir que los Estados Unidos bloqueen la discusión de este
tema en este foro. Pérez Roque ha brindado informaciones
sobre la decisión cubana «motivada, ha dicho, por el
hecho de que hemos comprendido que los Estados Unidos habían
logrado, por medio de presiones, chantajes y la complicidad de la
UE y de otros países preparar una moción de
no-acción. Nosotros hemos hecho fracasar la maniobra
norteamericana». El Ministro ofreció a la prensa
nacional y a los corresponsales extranjeros una información
detallada sobre lo sucedido en Ginebra en las horas precedentes a
la celebración de la discusión del proyecto.
El
21 de abril, dijo, los países de la UE han hecho llegar a
Cuba un mensaje en el que admitían que se trataba de una
cuestión importante que Cuba había tenido el valor de
presentar oficialmente. Que la propuesta es indiscutible,
impecable, pero que después de las consultas al más
alto nivel, ellos habían decidido apoyar en bloque la moción
de no-acción que sería presentada por los Estados
Unidos, y que votarían contra la resolución si era
sometida al voto.
El Ministro cubano repitió
textualmente las palabras pronunciadas por el embajador de la UE
que había transmitido esta decisión: «Sí,
es una vergüenza, es la prueba de la hipocresía de
nuestra política, pero el mundo en el que vivimos es así.
El mundo contempla hoy con horror lo que sucede en Guantánamo,
pero la UE no quiere votar a favor». Según el
Embajador de la UE, Cuba debería pensárselo dos
veces, pues si los Estados Unidos ganaran, utilizarían esta
victoria para validar sus crímenes y horrores. «Todo
esto - señaló Pérez Roque - nos fue dicho en
privado. Nos comunicaron que sería un país de la UE
quien presentaría la moción de no-acción en
nombre de los países occidentales (especialmente la UE,
Australia, Nueva Zelanda).» Haga un esfuerzo de imaginación…
Guantánamo, la victoria robada de las guerras de
independencia, la Enmienda Platt, la base norteamericana, símbolo
de la dominación norteamericana hasta 1959, un lugar en que
los Estados Unidos torturan con toda impunidad, y la pequeña
isla que se defiende contra el estrangulamiento, contra una ley
ilegal, inicua, sufre las sanciones de Europa decididas de antemano
y la misma Europa rechaza sancionar el horror de lo que sucede en
la base. La prensa francesa en particular difunde mentiras,
calumnias… Allá todavía, en el decorado del
pasado, es necesario plantear los problemas del futuro, no sólo
el del socialismo cubano, sino el de nuestra soberanía, la
de nuestros pueblos de Europa subordinados, avasallados.
*
* * *
(97) La misma operación se intentó con las
embajadas de América Latina. Fue rechazada. Como por otra
parte Lula, que fue en el otoño del 2003 a Cuba, rechazó
aplazar su viaje y, más aún, hablarle de los Derechos
Humanos a Fidel Castro, como había sido expresamente
invitado a hacer.
* * * *
Tomado de "Cuba es una
Isla", Danielle Bleitrach y Viktor Dedaj, con la colaboracion
de Jacques-François Bonaldi,
Traducción de Maira
Góngora
Edición francesa en Le Temps des Cerises,
2004 © Danielle Bleitrach y Viktor Dedaj
Edición
espanola propiedad de Ediciones de Intervención Cultural/El
Viejo Topo
ISBN: 84-96356-38-8
Depósito legal:
B-31.111-2005
PREFACIO : ¿Cómo analizar Cuba?
INTRODUCCIÓN : Cuba fácil
PRIMERA
PARTE : EL NECESARIO RODEO HISTÓRICO
- De la conquista
española a las guerras de independencia
- La colonia de
los EEUU y la lucha de clases
SEGUNDA PARTE : LA REVOLUCIÓN
- Chantaje, terrorismo y resistencia
- La revolución
lucha en todos los frentes
TERCERA PARTE: NO LES GUSTA LA
REVOLUCIÓN CUBANA
- Cuba hambrienta y estrangulada
-
La recuperación cubana: mixta y con tensiones sociales
-
La omerta y la disidencia
- ¿Hasta dónde pueda
llegar la omerta?
- Y durante ese tiempo, una reestructuración
azucarera
- ¿Existe una respuesta totalmente nueva a la
crisis?
- La primera y la segunda fundación o Cuba es
también una novela de ciencia-ficción...
- ¡Cuba
y América Latina o el mal ejemplo dado a un continente
«inquieto»!
Conclusión : Cuba es una isla