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23-06-2007 |
Declaración del Canciller cubano tras la reunión de Ministros de Exteriores de la UE
"No reconocemos autoridad moral alguna a la Unión Europea para juzgar ni aconsejar a Cuba"
El Consejo de Ministros de Relaciones Exteriores de la Unión Europea adoptó el 18 de junio varias decisiones sobre Cuba.
El
documento, difundido por la Unión Europea bajo el título
"Conclusiones sobre Cuba", contiene una propuesta de
"diálogo político integral y abierto con las
autoridades cubanas sobre bases recíprocas e interés
mutuo" de la cual el Ministerio de Relaciones Exteriores de
Cuba ha tomado nota y considera que se trata de una rectificación
necesaria.
Sin embargo, dicho documento no menciona las llamadas sanciones que la Unión Europea trató de aplicar a Cuba, injusta e irreflexivamente, en el 2003 y que desde hace dos años, por soberbia, mantiene sólo "suspendidas".
Con
Cuba, sólo será posible un diálogo entre
soberanos e iguales, sin condiciones ni amenazas pendientes. Si la
Unión Europea desea algún diálogo con Cuba
debe eliminar definitivamente dichas sanciones, que desde entonces
resultaron inaplicables e insostenibles.
Las
"Conclusiones" tampoco mencionan la llamada "Posición
Común", acordada de manera apresurada por los Ministros
de Finanzas de la UE en 1996 bajo la presión de Aznar y a
partir de un borrador escrito en el Departamento de Estado
norteamericano.
Después
de tantos errores y fracasos, la única conclusión
obvia que correspondería sacar a la Unión Europea es
que la llamada "Posición Común" debe
desaparecer, porque no hubo ni hay razón alguna para que
exista y porque impide sostener una relación normal,
mutuamente respetuosa y de interés común con nuestro
país.
Debe
reconocerse que un grupo de influyentes naciones europeas han
realizado esfuerzos para cambiar esta ridícula situación.
Otros, como la República Checa, se han consagrado como
peones norteamericanos en el mapa europeo.
Por otra parte, las "Conclusiones del Consejo" se inmiscuyen de manera calumniosa en asuntos estrictamente internos cubanos, emiten juicios y anuncian actos injerencistas e hipócritas que Cuba considera ofensivos, inaceptables y rechaza enérgicamente.
No
reconocemos autoridad moral alguna a la Unión Europea para
juzgar ni aconsejar a Cuba.
Si
cuando el Consejo alude a la delegación temporal de las
funciones del Presidente Fidel Castro al compañero Raúl
Castro y lo califica como "una nueva situación",
expresa la ilusión de que existan contradicciones o
diferencias entre los líderes de la Revolución y
división entre los revolucionarios cubanos, se equivoca
nuevamente. La Revolución es más sólida y está
más unida que nunca.
Nuestro
país ha arriesgado su propia existencia, ha librado una
resistencia heroica y ha luchado denodadamente por más de un
siglo para defender su independencia. Cuba es un país
independiente y soberano y la Unión Europea se equivoca si
cree que puede tratarlo de otra manera que como a un igual.
La
Unión Europea ha mostrado una persistente y humillante
subordinación a los Estados Unidos que la incapacita para
sostener posiciones basadas en los intereses europeos y la hace
cómplice, aunque diga lo contrario, del criminal e inhumano
bloqueo que este aplica contra el pueblo cubano, y del que las
"Conclusiones" no se atreven a decir una palabra. En la
declaración de la Cumbre que sostuvo en abril con Estados
Unidos, la Unión Europea se plegó para cuestionar a
Cuba y aceptó una mención que reconoce legitimidad al
"Plan Bush". Son conocidos sus conciliábulos con
mensajeros del imperio, incluso con el espurio interventor nombrado
por los Estados Unidos para Cuba, y es frecuente la presencia de
sus funcionarios en eventos anticubanos en Miami o celebrados en
Europa pero presupuestados en Washington.
La
Unión Europea es vergonzosamente hipócrita cuando se
dirige, injustamente, a Cuba pero calla sobre las torturas
norteamericanas en la ilegal Base Naval de Guantánamo, que
usurpa territorio cubano, y en Abu Ghraib, que se aplican incluso a
ciudadanos europeos. Calla impúdicamente sobre los
secuestros de personas por parte de los servicios especiales
estadounidenses en terceros países y ha prestado su
territorio para colaborar con los vuelos secretos de la CIA y para
cobijar cárceles ilegales. No ha dicho nada tampoco sobre
las decenas de personas desaparecidas en esas circunstancias ni
sobre los cientos de miles de civiles asesinados en Iraq.
Es
a la Unión Europea a quien corresponde rectificar los
errores cometidos con Cuba. Todo paso en la dirección
correcta tendrá adecuada acogida. Pero no hay apuro: tenemos
todo el tiempo del mundo.
La
Habana, 22 de junio de 2007