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08-08-2007 |
Más sobre los boxeadores cubanos
La constancia escrita
Fidel Castro Ruz
Suceden muchos acontecimientos en el mundo de gran importancia. Algunos se relacionan con Cuba. A nuestro país llegan a veces noticias de mucho más interés que una sencilla reflexión mía con el propósito de crear conciencia.
La entrevista de Gerardo Hernández Nordelo, uno de nuestros Cinco Héroes, con la BBC divulgada ayer por la televisión, qué tremendo impacto me produjo, qué contenido humano, profundidad, brillantez, algo que solo puede surgir de una mente que ha sufrido 9 años de injusta tortura psíquica. Por favor rogamos que la Mesa Redonda nos siga informando sobre el histórico proceso relacionado con el destino de los heroicos compatriotas.
En
Brasil, mientras tanto, la prensa sigue buscando noticias e
informando sobre las actividades realizadas por los dos boxeadores
después que, rompiendo el rigor de las normas, se ausentaron
del alojamiento de la delegación cubana.
Un cable de EFE fechado en Río de Janeiro el 3 de agosto, informa:
"Tras ser sorprendidos el jueves en un balneario en el norte del litoral de Río de Janeiro, en donde pasaron varios días al lado de un empresario cubano y de otro alemán, así como de tres prostitutas, los boxeadores fueron conducidos en la madrugada de hoy a un hotel, en donde han sido custodiados por agentes de la Policía Federal.
"Rigondeaux y Lara fueron retenidos el jueves en el balneario de Araruama por agentes de la Policía Militar de Río de Janeiro. En sus declaraciones ante la Policía Federal, los dos boxeadores dijeron que, arrepentidos, desean regresar a Cuba, y que supuestamente fueron víctimas de un golpe, para lo cual fueron dopados por los empresarios antes de ser retirados de la Villa Panamericana. Los atletas rechazaron la ayuda de dos abogados que se presentaron en la sede de la Policía Federal y que insistieron en representarlos.
"Los dos cubanos, sin embargo, fueron vistos en diferentes balnearios en el litoral norte de Río de Janeiro en total libertad y disfrutando de las comodidades de posadas, fiestas regadas con bebidas alcohólicas y mujeres. Según dueños de posadas en el balneario de Saquarema consultados por O Globo, los dos boxeadores, junto a los empresarios cubano y alemán, pasaron varios días en esa ciudad antes de viajar a Araruama en la compañía de tres prostitutas contratadas en Río de Janeiro. ‘Ellos son buenas personas, nos trataron como si fuésemos sus novias y hasta dijeron que van a sentir nuestra falta’, dijo una de las mujeres, que admitió haber recibido cerca de 100 dólares por día, en declaraciones a O Globo."
Son
detalles desagradables pero esenciales y no puedo usar términos
diferentes a los incluidos por la agencia cablegráfica en su
despacho. Imagino que los propios boxeadores informaron sobre esto
a los familiares adultos más cercanos.
Ayer lunes 6 otro cable de la misma agencia afirmaba:
"La policía brasileña dijo confiar en la versión de los dos boxeadores cubanos deportados a su país tras haber desaparecido durante los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro en el sentido de que fueron dopados y engañados por dos empresarios que querían llevarlos a Alemania.
"‘Confiamos en lo que nos dijeron y consideramos su versión factible y probable’, declaró hoy a EFE el comisario de Policía Federal Felicio Latera, responsable de la investigación."
"‘La Policía Federal brasileña no está investigando la supuesta deserción de los dos cubanos, está investigando a los empresarios que intentaron llevárselos’, afirmó el comisario."
Con
esa misma fecha y en el mismo cable la agencia EFE informó:
"En una entrevista con un diario brasileño, el empresario alemán Ahmet Öner, promotor de cuatro boxeadores cubanos ya refugiados en Alemania, admitió que organizó la fuga de Rigondeaux y de Lara, por la que dijo haber pagado cerca de medio millón de dólares."
No
dudamos, por nuestra parte, que la Policía Federal creyó
en el arrepentimiento de los dos atletas. La misión de dicha
institución era gestionar con el consulado cubano la
documentación que le solicitaban con apremio los boxeadores
y explicar lo sucedido con ellos después de 12 días
de ausencia.
Para
la inmensa mayoría de nuestro pueblo lo esencial es conocer
cuál fue el comportamiento moral de los atletas, que con
tanto sacrificio los educa y forma.
La
mayor responsabilidad, a mi juicio, corresponde a Erislandy Lara,
quien era el capitán del Equipo de Boxeo, y aun así
incumple normas y va a parar directamente a las manos de los
mercenarios. Tiene 24 años y es estudiante universitario de
Educación Física y Deportes. Los dos boxeadores
ignoran la influencia en sus conductas de las estrechas relaciones
de amistad que sostenían con los tres boxeadores sobornados
en Venezuela, aunque seguramente desconocían la indiscreción
verborreica con que el dueño de la empresa mafiosa hablaría
después que ellos dejaron de asistir al pesaje.
Los dos atletas se mostraron reacios a conversar con la prensa. Un periodista de Granma, Miguel Hernández, los esperó en el aeropuerto y habló con ellos sobre el tema. Estaba luego decepcionado con las respuestas cuando trató de escribir un artículo convincente de la sinceridad de los boxeadores.
Julita
Osendi, reportera de televisión y bien informada de los
Juegos Panamericanos de Río, solicitó visitarlos y se
esforzó por persuadirlos de que conversaran con toda
franqueza. Fueron más abiertos y le contaron algunos
detalles adicionales sobre su insólita aventura, pero el
resultado final fue igual.
Al
compañero Fernández, Vicepresidente del Consejo de
Ministros que atiende entre otros organismos al INDER, le pedí
me enviase una transcripción de la entrevista de Osendi con
Erislandy Lara y Guillermo Rigondeaux. No bastaba la imagen,
deseaba analizar cada pregunta y cada respuesta. Lo escrito ocupa
dos veces el espacio de esta reflexión.
Le
pediré a Granma que la publique en la página
deportiva o en otro espacio, para dejar constancia escrita de la
conversación.
Muchos
países pobres no tienen problemas con el profesionalismo,
pero también en ellos numerosas personas mueren
prematuramente o sufren enfermedades invalidantes por falta de
ejercicios. Esa tragedia la padecen también los países
ricos desarrollados por insuficiencias en su podrido sistema y el
espíritu mercantilista de sus servicios médicos.
El atleta que abandona su delegación es como el soldado que abandona a sus compañeros en medio del combate. Cuba dispone de muchos buenos deportistas pero no se los ha robado a nadie. El pueblo disfruta además de sus maravillosas actuaciones. Es ya parte de su cultura, su bienestar y su riqueza espiritual.
La
Revolución ha cumplido su palabra. Prometió darles un
trato humano a los dos atletas, reunirlos de inmediato con sus
familiares, brindarles acceso a la prensa si lo deseaban, y
asignarles un trabajo decoroso de acuerdo con sus conocimientos.
Hemos atendido igualmente con esmero su estado de salud, como
hacemos con todos los ciudadanos.
Era indispensable, por elemental justicia, escucharlos, conocer el grado de arrepentimiento que alegaban al verse envueltos en tan doloroso episodio.
Hemos
puesto a disposición de nuestro pueblo los elementos de
juicio que pudimos reunir. Ya ellos desean marcharse con sus
familiares. Llegaron a un punto sin retorno como parte de una
delegación cubana en ese deporte.
Nosotros,
en cambio, debemos continuar la lucha. Ha llegado nada menos que el
momento de constituir la lista de boxeadores cubanos que
participarán en las Olimpiadas de Beijing, con casi un año
de anticipación. Primero deben viajar a Estados Unidos para
participar en el Campeonato Mundial, uno de los tres eventos
clasificatorios a los Juegos Olímpicos. Imagínense a
los tiburones de la mafia demandando carne fresca.
Algo
debemos advertirles: no estamos ansiosos de suministrarla a
domicilio. Cuba no sacrificará un ápice de su honor y
sus ideas por medallas de oro olímpicas; prevalecerán
por encima de todo la moral y el patriotismo de sus atletas.
Sabemos que en el boxeo el tamaño del ring y los guantes se
han modificado para afectar a nuestro país que tantas
medallas obtiene en ese deporte, hasta lograr que el boxeo
profesional se incluya también en las Olimpiadas.
Las
autoridades deportivas están analizando todas las variantes
posibles, incluyendo cambiar la lista de boxeadores o no enviar
delegación alguna, a pesar de los castigos que nos esperen.
Estudian igualmente estrategias y tácticas a seguir.
Mantendremos nuestra política de principios, aunque el mundo se adentre cada vez más en el profesionalismo, y como en los tiempos de Kid Chocolate —un verdadero genio—, no exista una medalla para el deporte sano y solo se conciba un deporte que ponga precio a lanzar pelotas imbateables, conectar jonrones y repartir y recibir piñazos sin protección alguna. A una época como aquella jamás volveremos.
El
deporte sano es incompatible con el consumismo y el derroche, que
está en la raíz de la actual e irreversible crisis
económica y social del mundo globalizado.