En
Cuba la política es servicio. Y para ejercer un cargo,
además de
capacidad, se exige honradez. El dinero no cuenta. A nadie, ni
nada,
hay que comprar para participar en unas elecciones.
Así, la información
de Forbes
se agrieta, se disuelve, se ridiculiza cuando se sabe, se ve, se oye,
que todo cuanto Fidel dice se legitima porque delante hay
millones… de
personas y no de dólares. ¿Qué gobernante en
el sistema solar habla, y
a veces incansablemente, con un millón de personas
oyéndolo
presencialmente? Por lo tanto, la aceptación, el apoyo
popular de que
Fidel goza en Cuba invalida cualquier alusión a supuestas
fortunas y
por tanto –la asociación es inevitable- a su falta de honradez.
¿Es
posible que un líder popular revolucionario pueda contar con
multitudes
de simpatizantes y de colaboradores en su gobierno,
engañándolos?
¿Somos los cubanos tontos? Tal vez podamos ser cualquier otra
cosa,
menos bobos.
Forbes,
como es de esperar, no presenta ninguna prueba de sus repetidas
aseveraciones sobre el dinero de Fidel. Nos lo dice, y piensa que lo
creamos porque a fin de cuentas Forbes es… Forbes.
Pero Fidel es… Fidel. Y de crédito a crédito, la revista
se denigra
anualmente cada vez que señala al presidente cubano como el
séptimo
gobernante más rico del mundo.
Evidentemente, ninguno de los
más sagaces periodistas estercoleros de Forbes
podrá hallar una fortuna que no existe. Y entonces
qué aducen los redactores de Forbes?
Ah, que Fidel viaja en automóviles Mercedes-Benz. Y en
qué vehículo
podría hacerlo como jefe de Estado, y un jefe de Estado al que
han
intentado asesinar decenas de veces: ¿sobre patines, en
bicicleta? Y
porque sea jefe de Estado no tiene que ser necesariamente propietario
de los vehículos con matrícula oficial. ¿Acaso el
presidente W. Bush
es dueño de los autos, los aviones, helicópteros,
buques y, a veces
tanques, en los que viaja por Los Estados Unidos u otros países?
Vamos…
¿De verdaz cree Forbes que somos ingenuos?
Y
¿con qué otros datos ilustra la revista su
notícula insidiosa,
redactada con el lenguaje aparentemente objetivo, incontaminado de las
finanzas? Que si Fidel es dueño de la corporación
estatal CIMEX, o del
palacio de las Convenciones de La Habana, o de laboratorios
médicos, o
que vendió la empresa estatal de ron Habana Club a la Pernod
Ricard…
Vamos. Forbes habla de Cuba, pero de Cuba lo ignora todo. O
solo conoce lo que dicen los voceros de la Casa Blanca o los guiones de
la CIA. Cuando en Cuba se habla de empresa estatal quiere decir que su
propietario es el Estado, y sus ganancias se distribuyen socialmente
mediante el presupuesto de la naciónl. Y que, por tanto, rinde
cuentas
a organismos directores y fiscales. Para que Fidel hiciera lo que Forbes
afirma, tendría que contar con la complicidad o la anuencia de
miles de
personas y oficinas. Pero, en Cuba, el Estado participa con la
mayoría
de las acciones en empresas de capital mixto, en algún caso
quizá con
la mitad. Las leyes establecen la defensa de la riqueza y la
soberanía
nacional. ¿Vender el ron Habana Club a la Pernod Ricard? Esta
empresa
francesa posee su parte en un negocio cuyo control jurídico
reside en
la ley de inversiones extranjeras de Cuba.
Pero lo que menos conoce Forbes
es a Fidel. Hijo de un terrateniente adinerado, Fidel, ya abogado
en
la Habana, poseía un solo traje, de lana, que usaba en invierno
y en
verano. En una de sus cartas desde la prisión de Isla de Pinos,
después
del asalto al cuartel Moncada, confesó que a él le
bastaba con muy poco
para vivir, porque cuanto menos cosas materiales tuviera más
libre
sería. Ese concepto es expresión de una alta
ética. En Cuba no dudamos
en asociarla a la eticidad de José Martí. Y Fidel, al
igual que el
Apóstol de la Independencia, jamás tocaba el dinero que
pertenecía a
los fondos de la revolución. Testigos, compañeros de
lucha, aun cuentan
anécdotas que lo ejemplifican.
Forbes
–y ojalá me equivoque- demuestra que no entiende de
ética. Ni comprende
las actitudes idealistas de los revolucionarios. Para ser un
líder de
masa, y sostenerse por más de 50 años, se necesita, sobre
todo,
honradez. Creer en lo que se predica. Y predicar con el ejemplo. Forbes
utiliza un concepto de libertad de prensa completamente injusto y
opresor. Publica, y el daño que causes con lo que puede adquirir
naturaleza de infamia o difamación, no importa. Miente que algo
queda.
Y ya vamos oliendo el viejo criterio de Goebbels. Puedo preguntarle a Forbes,
la democrática revista del hombre de negocios, cuánto
cobró o cuánto le
pagaron ciertas fuerzas oscuras en los Estados Unidos por poner a Fidel
Castro nuevamente en esa casta gobernantes millonarios?
¿Podría
publicar que ciertos enemigos de Fidel Castro, muchos de los cuales son
afiliados a la Fundación Nacional Cubano Americana, sí se
han hecho
ricos a través de los fondos que ciertas instituciones adscritas
a
Washington quitan, de mil sutiles formas, al contribuyente
norteamericano?
Lo más generoso que
podría decir de Forbes es que ha sido poco seria.
Y, claro, con este alegato no he
defendido a Fidel Castro. Repito que no lo necesita.
Solo he protestado. He
reclamado mi derecho a que no me tomen por tonto. ¿Es mucho
exigir?
Autorizada la reproducción siempre y cuando se cite al autor
y al diario Insurgente.