LAS MADRES DE LOS 5 HÉROES ESPERAN CON LA URGENCIA DE LOS AÑOS

 

 

Wilkie Delgado Correa
comandantefidel.org 08.07.2007

 

El tiempo ha transcurrido con la pesada carga que cada ser humano lleva sobre los hombres con una sensación especial de pasado, presente y futuro. Ese tiempo encerrado en una cárcel pesa mucho más sobre la existencia. Cuando se trata de una condena injusta, el alma y la razón del hombre se rebelan, pues debe sufrir las desgarraduras que causa la injusticia. En tales circunstancias son muchas las influencias internas y externas que pueden aliviar las penas.


Los cinco cubanos presos en los Estados Unidos tienen en sus madres, junto a otros mecanismos de defensa, el escudo protector y el abrigo espiritual para enfrentar la soledad de los días y años dentro de las celdas. Cuanta razón tenía José Martí al afirmar que “la madre, esté lejos y cerca de nosotros, es el sostén de nuestra vida”.


Irma, Magalys, Mirtha y Carmen soportan con estoicismo el peso de los años, alentadas por la esperanza de la libertad probable de sus hijos. Tienen ante sí mismas las condenas atroces contra sus hijos, experimentan en sus existencias todo el dolor que provoca el encarcelamiento injusto de sus hijos en los Estados Unidos, sienten el orgullo de verles dignos y enfrentados a una suerte aciaga por cumplir el sagrado deber de defender a su patria contra el terrorismo practicado sistemáticamente desde territorio norteamericano, les acompañan –ay, carne de su carne y sangre de su sangre- en sus batallas por lograr la libertad que nunca debieron perder. Confían, más allá de toda la realidad adversa en el seno del imperio, que la verdad haga posible el triunfo de la justicia y, con ello, se abran las puertas de las prisiones de alta seguridad de ese país.


Cuando ese día llegue, -pues tiene que llegar indefectiblemente- será ocasión para que René, Antonio, Gerardo y Fernando, abracen a sus madres para decirles: “Madre, mírame tú, aquí me tienes junto a ti: fiel y digno como me formaste”. También será la ocasión para que Ramón llegue hasta la tumba de Nereida, su madre, quien no pudo conocer en su momento la misión de su hijo, y le exprese: “Perdóname, madre, he vuelto de la misión que me alejó de ti. Nunca lo supiste, aunque tal vez la verdad alguna vez te rondó en la cabeza. Madre, aquí está tu hijo: fiel y digno como me formaste”.


Hoy, cuando ya está cercano el noveno aniversario del apresamiento de los 5 Héroes, sus madres esperan con la urgencia de los años que las hacen vulnerables, con las verdades que las hacen espiritualmente fuertes y combativas en defensa de sus hijos, con la esperanza que el bien se imponga al mal en este tiempo signado por el odio torvo de un imperio que es capaz de encadenar a la justicia, torturarla, violarla y mantenerla secuestrada.


Las madres esperan ver libres a sus hijos, y a la justicia también. La libertad debe llegar como un rayo de luz que ilumine la imagen de los 5 Héroes y, a la vez, a la propia imagen de la justicia norteamericana.

*CUBARTE