PLAN CONTRA PLAN:

 PLAN DE RESISTENCIA FRENTE AL PLAN DE ATAQUE

 

Wilkie Delgado Correa

 

Ante la realidad que vive nuestro mundo, tan ahíto y aplastado de tragedias y pesares, así como alentado, a la vez, de esperanzas y sueños infinitos, uno tiene que poner alas al pensamiento para escrutar el ayer, el hoy y el mañana.

   Quizás tenemos razones suficientes para coincidir con José Martí, el Héroe Nacional de Cuba, quien afirmara que “los hombres van en dos bandos: los que aman y construyen y los que odian y destruyen”.

   También cabe meditar en torno a las conclusiones filosóficas ofrecidas por John Steinbeck, Premio Nobel de Literatura, sobre la esencia de la historia humana.

El niño preguntará:

-¿De qué trata la historia del mundo?

Y el hombre o la mujer se preguntarán:

-¿Qué camino tomará el mundo? ¿En qué acaba?

Y ya que de ello hablamos, ¿de qué trata la historia del mundo?

Creo yo que no hay en el mundo sino una sola historia, una sola que nos ha inspirado y aterrorizado. Los humanos estamos presos en una red hecha del bien y del mal: en la vida que hacemos, en nuestros pensamientos, en nuestros apetitos y ambiciones, en nuestra avaricia y nuestra crueldad, y asimismo en nuestra bondad y en nuestra generosidad. Creo yo que es ésta la única historia que tenemos y que ella ocurre en todos los niveles del sentimiento y de la inteligencia. La virtud y el vicio constituyen la trama y la urdimbre de los primeros actos de que tuvimos conciencia, y habrán de ser la malla de los últimos; a despecho de cualquier alteración de que hayamos de imponer a la montaña o al río, a la economía y las costumbres. Luego que el hombre se haya sacudido el polvo y las briznas de su vida, descubrirá que no le restan sino las preguntas concretas y duras: ¿Fue una acción buena o fue una acción mala?..

No tenemos más que una historia. Todas las novelas, la poesía toda, se basa en esta interminable lucha que en nuestro ser libran el bien y el mal”.

   Aquí está planteado el nexo esencial entre el ser individual y el ser colectivo que interactúan como protagonistas de la historia de este mundo.

   ¿Cómo explicarnos los polos de desigualdad existentes en el mundo?. ¿Cómo la existencia de tanta pobreza en medio de tanta opulencia? ¿Cómo la presencia de hambrunas entre los pobres frente a tanto hartazgo de los ricos? ¿Cómo entender tanta incultura e ignorancia en un mundo en que la información y el conocimiento cuentan con medios de divulgación nunca antes soñados? ¿Cómo explicarnos tanta indefensión y debilidad de los pueblos pobres frente a tanto aplastante poderío de las grandes potencias coligadas al imperio hegemónico de los Estados Unidos, esa Roma americana de estos tiempos? ¿Cómo entender las guerras bárbaras y las amenazas  de la fuerza contra las naciones más débiles, “esos rincones oscuros del mundo”, ante la mirada atónica de la opinión pública y la impasible ceremonia de la organización internacional con el deber de prevenirlas e impedirlas? ¿Cómo comprender tanta insalubridad y mortalidad ante enfermedades prevenibles a pesar de los avances impetuosos y sorprendentes de las ciencias contemporáneas y de la existencia real de los recursos financieros necesarios para desarrollar los programas de prevención, curación y rehabilitación? ¿Cómo es posible hablar de democracia – allí donde se cacarea sobre este asunto- si la mayorías no son tenidas en cuenta, son excluidas y se practica contra ellos un plan sistemático de explotación con disfraz de harapos o con atuendo de domingos? ¿Cómo se explica que tanto engaño y mentira del actual sistema socio-económico imperante –llámese sociedad de mercado, globalización neoliberal, sociedad capitalista desarrollada o subdesarrollada -, se proclamen como verdades absolutas y divinas y que,  para más absurdo, se pretenda que cuenten con la pleitesía de las multitudes? ¿Cómo concebir la desunión entre los explotados, las divisiones atomizantes entre las fuerzas de los vencidos, sino como un producto secular de las semillas de las discordias sembradas por los explotadores y los conquistadores?

   Todas estas interrogantes con sus respuestas condignas deben servir para despertar de ese largo letargo sufrido por las masas oprimidas y por los pueblos que padecen condiciones socialmente esclavizantes, para adquirir conciencia de que si bien, hasta hoy, hemos contemplado las situaciones aberrantes como sucesos inconmovibles, a partir de hoy mismo debemos tener la convicción de que los mismos pueden ser transformados mediante la acción de cada ser humano y de la humanidad en su conjunto. No resignarse a sufrir eternamente la oprobiosa condición de nuevos esclavos del siglo XXI. No aceptar la filosofía del despojo porque ella es el fundamento de todas las guerras injustas. Rebelarse para librar la lucha y obtener la victoria sobre los que nos han hecho creer que son utopías inalcanzables. La historia más reciente en América Latina, con el ascenso al poder de líderes revolucionarios como Hugo Chávez y Evo Morales y de otros líderes populares, debe servir de ejemplo aleccionador de cómo transitar el camino que conduzca primero al triunfo y después a las transformaciones que son las soluciones definitivas para los males añejos de nuestros pueblos.

   En esta hora precisa de la humanidad, es necesario que se medite y se adopte una estrategia para el triunfo, en que participen conscientemente los políticos revolucionarios, las organizaciones sociales que promueven y luchan por un cambio social más justo, las masas que se agitan para protestar por las miles de causas nobles que hoy pueden concebirse, incluyendo todo lo implique mayor justicia, libertad, igualdad, desarrollo humano y social. Y, por supuesto, vida, paz y hasta la propia supervivencia de la especie humana.

   Esa estrategia que deben asumir todas las fuerzas sociales que hoy contienden contra el modelo neoliberal imperante, esta contenida en estas ideas del Héroe Nacional de Cuba, José Martí, que en forma resumida expresa que a un plan obedece nuestro enemigo. Por eso obedecemos nosotros a otro plan.

   Martí reflexiona y recomienda.

A un plan obedece nuestro enemigo: el de enconarnos, dispersarnos, dividirnos, ahogarnos.

Por eso obedecemos nosotros a otro plan: enseñarnos en toda nuestra altura, apretarnos, juntarnos, burlarlo, hacer por fin a nuestra patria libre.

Plan contra plan. Sin plan de resistencia no se puede vencer un plan de ataque.”

   Convengamos con José Martí que la unidad es un requisito imprescindible y, lo demás, alcanzar y poner de manifiesto toda la grandeza que poseemos y que somos capaces de desarrollar. Sigamos a pie juntillas los consejos del Maestro. Rompamos, en defensa de la humanidad, la red en que hemos estado atrapados como moscas. Hagamos por fin libres a nuestras patrias. Conquistemos la felicidad para nuestras doloridas y sufrientes tierra de América y del mundo.

   Plan de resistencia frente al plan de ataque. Así alcanzaremos la victoria que hasta hoy nos han escamoteado los que odian y destruyen. Es la hora de una historia humana nueva de los hombres y de los pueblos que aman y están dispuesto a construir el bienestar de la humanidad. Confiemos en que la bondad y la generosidad se impongan al fin para dar término a una época terrible e inhumana y dar paso al advenimiento de una nueva era, más generosa y solidaria que la actual. Es necesario vislumbrar y disfrutar de amaneceres más apacibles, y para conseguirlo es requisito enseñarnos en toda nuestra grandeza, unirnos en una fuerza formidable y, no sólo burlar al enemigo, sino infligirle una derrota irreparable e irreversible.

¡Y todo eso se puede, que no lo dude nadie