ES PRECISO QUE SE SEPA EN EL MUNDO
LA VERDAD SOBRE ESTADOS UNIDOS

 Wilkie Delgado Correa
comandantefidel.org 27.06.2006

He tomado prestado en lo esencial el título de un artículo de José Martí, Héroe Nacional de Cuba, publicado en 1894, en el que expresaba­: “Es preciso que se sepa en nuestra América la verdad de los Estados Unidos. Ni se debe exagerar sus faltas de propósitos, por el prurito de negarles toda virtud, ni se ha de esconder sus faltas, o pregonarlas como virtudes. No hay razas: no hay más que modificaciones diversas del hombre, en los detalles de hábitos y forma que no les cambian lo idéntico y esencial, según las condiciones de clima e historia en que viva.”

 

Al inaugurar la sección del periódico PATRIA titulada “Apuntes sobre los Estados Unidos”, subrayaba en el párrafo final, el propósito de revelar “las calidades constitucionales que, por su constancia y calidad, demuestren las dos verdades útiles a nuestra América: el carácter crudo, desigual y decadente de los Estados Unidos, y la existencia en ellos continua, de todas las violencias, inmoralidades y desórdenes de que culpa a los pueblos hispanoamericanos”. Esta es una visión sobre Estados Unidos que aún tiene vigencia y valor para entender la política norteamericana, no sólo con relación a la América Latina, sino también con respecto al resto del mundo.

 

Lo que en el siglo antepasado fue entrevisto visionariamente por José Martí, alcanzó su desarrollo pleno en el siglo XX, y se ha escapado como de una caja de Pandora en el siglo XXI, con el anuncio del presidente George W. Bush de un periodo dilatado de guerras infinitas contra 60 o más países del mundo, con las cuales pretende imponer sus designios imperiales y sus ansias insaciables de despojar de sus riquezas materiales y espirituales al resto del mundo.

 

Un análisis sereno de la actitud y comportamiento de la política norteamericana expresados en las declaraciones de sus gobernantes y dirigentes, tanto en situaciones de paz como de guerra, permite concluir que la gran potencia marcha por el camino equivocado y su rumbo la conduce indefectiblemente no al acercamiento necesario y útil al resto del mundo, sino a un distanciamiento lamentable, a una confrontación catastrófica y, ¿por qué, no?, a su propia derrota y autodestrucción.

 

Corresponde al pueblo de Estados Unidos, noble como todos los pueblos del planeta, tomar el mando de la nave y cambiar el rumbo extraviado. Así, salvándose, podrá salvar también al mundo. En su lucha contra el mundo, o contra una buena parte de él, Estados Unidos podría destruirlo si descargara todo el descomunal poderío mortífero que acumula en sus armas nucleares y de otros tipos, pero no podrá salvarse tampoco a sí mismo. Por tanto, la supervivencia de Estados Unidos como imperio tarde o temprano no podrá continuar, sin embargo, la supervivencia de Estados Unidos como nación solidaria, respetuosa y cordial, será la única opción viable de política mundial  que se avizora desde la atalaya que ha sido construida por los acontecimientos y hechos del pasado y del presente. El futuro de Estados Unidos, incluso del inmediato, es tanto más inseguro mientras mayores sean sus aventuras, que incluyan amenazas, acorralamientos, agresiones, invasiones y conquistas, es decir, modos diversos de guerra contra los otros pueblos del mundo.

 

El papel de gendarme internacional que pretenden imponer al mundo los gobernantes norteamericanos como parte de su política de potencia hegemónica y, a la vez, el papel segundón, cuando les conviene, asignado a las otras potencias o países aliados, para hacerlos participar o para hacerlos cómplices de sus tropelías, puede parecer atractivo y quizás puede considerarse como un hecho providencial trazado por un mandato divino del propio Dios, que para eso dicen que son creyentes fervorosos. Pero existen razones históricas y humanas suficientes e irrebatibles para arribar a la conclusión de que más temprano que tarde ese papel es impracticable en términos de política perdurable y trascendente, y en fin, de buena política contemporánea y futura.

 

El dominio del mundo por la fuerza bruta, tantas veces ensayado en el decurso de la historia de la humanidad, jamás será posible porque los hombres y los pueblos tienen en sí tantas potencialidades de resistencias, que al final de la jornada y de la batalla por la supervivencia, o por la libertad, o por la justicia, o por la independencia, o por la autodeterminación, o por muchas razones de porque sí, que se piensan y sienten, saldrán definitivamente victoriosos, todo vez que como dijera Martí “siempre es poderosa la voluntad de un pueblo que lucha por la independencia”

 

A modo de conclusión, quiero revelar verdades que están contenidas en estas martianas (ideas de José Martí) que pueden servir para meditar sobre la disyuntiva planteada desde el lado de cada una de las fuerzas contendientes:

 

Es fiero el pueblo, cuando es movido de justicia, o movido de ira”

 

Pueblo que ata a sí a pueblos esclavos, vivirá perpetuamente atado a sus esclavos, y no podrá vivir por sí, sino muriendo, y dando en tierra a cada sacudida de los pueblos siervos, hasta que las fuerzas se le postren, o las ligaduras salten”

 

Pueblo pequeño es más necesario al mundo que el poder de un rey ambicioso”

 

En un pueblo, hay que tener las manos sobre el corazón del pueblo. Es más necesario y justo acercarse a los que han nacido en él, y lo aman, que a los que no han nacido en él, y no lo aman”.

 

Un pueblo crea su carácter en virtud de la raza de que procede, de la comarca que habita, de las necesidades y recursos de su existencia, y de sus hábitos religiosos y políticos”,

 

Un pueblo que desdeña a otro, es amigo peligroso para el desdeñado”.

 

Visitar la casa del opresor es sancionar la opresión. Cada muestra de familiaridad de los hijos de un pueblo oprimido con las personas o sociedades del gobierno opresor, confesas o disimuladas, es un argumento más para la opresión, que alega la alegría y amistad espontánea del pueblo sojuzgado, y es un argumento menos para los que alegan que el pueblo oprimido, vejado, envenenado, quiere sacudir la opresión.”

 

Jamás cede una raza oprimida, jamás cede el pueblo a quien le ocupa el extranjero la tierra amada con huesos de sus hijos”.

 

Los pueblos de una raza deben ser como los hermanos de una familia. En cónclave privado deben computar sus mutuos derechos, y decirse sus quejas y sus deseos, pero cuando el extranjero llama a las puertas, todos los hermanos deben mover a una la misma hacha de armas, si el extranjero viene de guerra. Si viene de paz, con el arado en una mano y el libro en la otra, se le sienta a la mesa”.

 

A eso llegan los pueblos que se cansan de defenderse: a halar como las bestias del carro de sus amos; y el amo va en el carro colorado y gordo”.

 

Los pueblos han de tener una picota para quien les azuza a odios inútiles, y otra para quien no les dice a tiempo la verdad”.

 

Ha de realizarse cuanto acerque a los pueblos”.

 

Los pueblos, como los hombres, no se curan del mal que les roe el hueso con menjurjes de última hora, ni con parches que les muden el color de la piel. A la sangre hay que ir, para que se cure la llaga”,

 

Hombres y pueblos van por este mundo hundiendo el dedo en la carne ajena a ver si es blanda o si resiste, y hay que poner la carne dura, de modo que eche afuera los dedos atrevidos. En su lengua hay que hablarles, puesto que ellos no entienden nuestra lengua.”

 

Las etapas de los pueblos no se cuentan por sus épocas de sometimiento infructuoso, sino por sus instantes de rebelión. Los hombres que ceden no son los que hacen a los pueblos, sino los que se rebelan. El déspota cede a quien se le encara, con su única manera de ceder, que es desaparecer: no cede jamás a quien se le humille…Los pueblos, como las bestias, no son bellos cuando, bien trajeados y rollizos, sirven de cabalgadura al amo burlón, sino cuando de un vuelco altivo desensillan al amo”.

 

Cuando se medita en las verdades útiles que encierran estas ideas a la luz de los acontecimientos de hoy en día, uno no puede dejar de pensar que Estados Unidos debe cesar la ocupación de Irak y Afganistán, debe cesar sus continuas amenazas contra este o aquel estado soberano, debe cesar su práctica de sanciones, asedios y bloqueos contra los países con los cuales no simpatiza, debe cesar en su desprecio a los pueblos con otras culturas, tradiciones y religiones, debe cesar en su pretensión de hegemonía mundial y condenador universal de los otros pueblos del mundo, debe cesar en su carácter egoísta y explotador hacia los demás pueblos, debe cesar en sus ansias de conquistas imperiales a través de los medios de que dispone. Y esos “deben cesar” enumerados, mejor sería que fueran a las buenas, pues si no, tendrán que alcanzarse a las malas, como una conquista necesaria para la supervivencia de los pueblos y de toda la humanidad.