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10-04-2006 |
Una huelga de hambre en Cuba
Es
de gran repercusión en los medios de comunicación la
huelga de hambre que está llevando a cabo el psicólogo
cubano Guillermo Fariñas en el hospital Villa Clara
Presentado como un periodista de la agencia anticastrista Cubanacán
Press, lleva en huelga de hambre desde el 31 de enero exigiendo,
según su escrito dirigido al presidente cubano, “que
se me instale por parte de la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba
SA, como lo hacen con los privilegiados del gobierno, un acceso
directo a Internet desde mi hogar”.
El caso de
Fariñas es presentado en los medios de comunicación
del mundo como un ejemplo de la crueldad y de la represión
del gobierno cubano. Su repercusión es tal que si
consultamos en el buscador de noticias de google, su demanda y su
huelga de hambre aparece en 97 informaciones en español en
el último mes. Si la consulta es en todo el buscador Google,
Guillermo Fariñas aparece con 131.000 accesos, la gran
mayoría recogiendo la noticia de su huelga de hambre.
La
exigencia de Fariñas, “que se me instale por parte de
la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba SA un acceso directo a
Internet desde mi hogar”, ha sido recogida desde por el Alto
Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en su página
web, hasta numerosas organizaciones políticas que la han
llevado a innumerables instituciones, recientemente el Partido
Popular la planteó en una proposición no de ley en el
Congreso de los Diputados español.
Según
datos manejados en la Cumbre de la Sociedad de la Información,
el 85 por ciento de la población mundial no tiene acceso a
internet. De una población mundial de más
de 6.350 millones de personas, menos de la sexta parte, mil
millones, utilizaron internet en el año 2005, según
datos de un estudio de la consultora estadounidense Morgan Stanley
citados por la agencia Efe en un teletipo del 28 de diciembre.
En el Africa negra sólo un 1% de los habitantes son
usuarios, entre ellos muy pocas mujeres. Si observamos en América
Latina, tiene acceso a internet sólo el 0,6 por ciento de la
población; en México, el 4’6 por ciento; en El
Salvador, el 0,7; en Nicaragua, el 0,04; y en Honduras, el 0,03 por
ciento. En la India, es el 1,6 por ciento; en Indonesia, el 1,8 por
ciento y en Rusia es el 4,2 por ciento de los ciudadanos el que
accede a la red.
Por otro lado, es evidente que estos pocos
ciudadanos que puede utilizar internet en los países del
sur, lo hacen porque poseen línea telefónica, viven
en lugares con las infraestructuras necesarias y pagan las
correspondientes tarifas a las empresas de telecomunicaciones. Es
decir, no se lo ha puesto el Estado a petición propia
alegando ser un derecho fundamental incluido en la declaración
universal de los Derechos Humanos, tal y como exige el cubano
Guillermo Fariñas. En su último comunicado, Fariñas
recordaba que “se encuentra en huelga de hambre y de sed hace
47 días porque se nos instale en nuestra casa Internet
basado en los artículos 19 y 27 de la Declaración
Universal de Derechos Humanos”. Es evidente que esa
declaración universal no era muy específica con
internet puesto que se redactó en 1848, bastantes años
antes de la existencia de la red.
Observando estos datos
podemos concluir que son muchos los ciudadanos del mundo -más
de 5.500 millones-, los que no disfrutan del derecho que Fariñas
exige al gobierno cubano y por el cual está en huelga de
hambre. Me pregunto cómo reaccionarían los gobiernos
–y los medios de comunicación- de Honduras, Senegal,
la India o incluso el de España o Estados Unidos, si uno de
sus habitantes un día escribiera una carta dirigida a su
presidente diciendo que inicia una huelga de hambre exigiendo que
le pongan internet en casa. Aunque supongo que muchos, antes
deberán escribir otras cartas pidiendo casa, electricidad y
línea de teléfono.
Por otro lado, a mí
me parece razonable que en un mundo donde mueren cuarenta mil niños
cada día de hambre y enfermedades curables, sea más
urgente atender estas necesidades. Es lo que parece que también
piensa el gobierno cubano y por eso Fariñas tiene casa, pudo
estudiar y es atendido en un centro hospitalario aunque no se le
instala internet en su domicilio.
Me temo que si uno
buscase en los medios de comunicación el nombre de alguno de
los ciudadanos que integran ese veinte por ciento de habitantes de
Ganha que no tienen corriente eléctrica, el de alguno de los
115 millones de niños en el mundo que no tienen acceso a la
educación, de los 854 millones de adultos en el mundo que no
saben leer ni escribir o los cien millones que viven sin techo, no
encontraría ninguno.
Podemos imaginar en cuantos
medios de comunicación se publicaría y cuantas
organizaciones políticas y de derechos humanos se
movilizarían como lo han hecho por el caso del cubano
Fariñas, si un africano de un campo de refugiados de Darfur
se pusiese en huelga de hambre para exigir al gobierno de Sudán
que le ponga internet en su tienda de campaña.
Puede
parecer cruel hacer estos comentarios sobre un persona que lleva,
según dicen, más de dos meses sin comer ni beber.
Pero a mí me parece más cruel quienes quieren
convencerle al mundo que el problema de derechos humanos que
enfrenta nuestra sociedad es la instalación de internet en
la casa de este hombre, o sea, el gobierno de
Cuba.
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