La soberanía de
Cuba no es negociable
Pedro
Campos
Distintas informaciones de prensa
reseñando la visita del canciller cubano Felipe Pérez
Roque a España, asumen que “Cuba está dispuesta a
negociar asuntos de derechos humanos a cambio de modificaciones en la
política de la Unión Europea hacia Cuba”.
La
visita del ministro de Relaciones Exteriores de la República
(independiente y soberana) de Cuba a España, se realiza días
después del viaje a ese mismo país de la Secretaria de
Estado Condoleezza Rice, en el que se pusieron de manifiesto la
existencia de diferencias entre EEUU y España respecto a la
política a seguir hacia Cuba.
Se dijo entonces que las
diferencias no eran en los objetivos de la política: “promover
en Cuba una transición hacia la democracia”, sino en la
forma de conseguirlo: para EEUU, la continuación de la
política de presiones de todo tipo y bloqueo económico
y político; para España a través del diálogo
y el acercamiento.
Para los analistas internacionales que
siguen el tema, y lo observan desde el punto de vista de los
intereses del capitalismo internacional, la visita del canciller
cubano se inscribiría en la supuesta transacción
“derechos humanos por mejoría de relaciones europeas con
Cuba”. Para quienes conocemos y compartimos las posiciones de
principio de la política exterior cubana, en todo caso el
viaje de nuestro ministro tiene como principal objetivo dejar bien
establecido ante sus interlocutores que la soberanía de Cuba,
no es, nunca fue, nunca será negociable.
Ahora, según
comenta la BBC, la Comunidad Europea ofrece abrir un diálogo
político con Cuba, “siempre y cuando el tema de los
derechos humanos sea incluido en la agenda... estaba a favor de
establecer conversaciones tanto con el gobierno como con grupos
civiles… los ministros acordaron no reactivar las sanciones
diplomáticas impuestas a Cuba… La posición de la
UE con respecto a la isla se revisará nuevamente en seis
meses.”
Los revolucionarios cubanos apreciamos los
esfuerzos del gobierno español para relajar las tensiones
entre Cuba y Europa, pero tal y como están expuestas las
posiciones, pareciera que la UE ofrece a Cuba la “oportunidad
de reivindicarse”. Se observa lo que parece un intento de
chantaje, se quiere forzar a la Revolución a dialogar con la
oposición contrarrevolucionaria, bajo los auspicios de la UE y
a aceptar la lectura imperialista de los derechos humanos, tras lo
cual se esconde el probable camino a la “transición
democrática” (léase restauración
capitalista) que Washington no logra con sus presiones ni bloqueos, a
cambio del suspenso de las sanciones; de no prosperar esa exigencia,
en seis meses podrían volver las sanciones.
Ante esto,
además de prepararnos militarmente para cualquier agresión
en ese campo, necesitamos también estar alertas en el terreno
político-ideológico, prestos a desenmascarar cualquier
maniobra diversionista del capitalismo internacional.
La
oposición interna, tradicionalmente apadrinada y amamantada
por Estados Unidos, si quiere realmente jugar algún papel
positivo en la Cuba que se avecina, debe abdicar de sus intenciones
de restaurar el capitalismo inevitablemente anexionista, aceptar la
existencia de la Revolución Socialista y asumir la crítica
a los problemas que afronta nuestra sociedad desde una posición
constructiva y colaboracionista. Igualmente debe rechazar cualquier
padrinazgo extranjero que solo intenta manipularla en función
de sus intereses y convertirla en su “caballo de Troya”.
Los problemas entre cubanos, entre cubanos deben ser resueltos, sin
intervención extranjera.
El hecho de que
ocasionalmente, el gobierno de Cuba haya accedido a excarcelar a
elementos contrarrevolucionarios, ante solicitudes de algunos
visitantes extranjeros como gesto de buena voluntad hacia los mismos,
no debe, no puede interpretarse como que Cuba negocia sus asuntos
internos en el mercado de la política internacional. Esto solo
puede ser así para quienes ven todo a través del prisma
de la ganancia y el mercado, pero no para un gobierno revolucionario
que aspira a construir el socialismo.
El manido tema de las
violaciones de los derechos humanos en Cuba, ha sido siempre objeto
de manipulación por parte del Imperialismo norteamericano,
como componente de su política de aislamiento internacional y
cerco económico y político contra la Revolución
Cubana con el fin de destruirla, por el pecado de intentar una nueva
sociedad sin explotadores ni explotados, sin capitalismos,
socialista.
Si los gobiernos de Europa quieren sinceramente
ayudar a Cuba a mejorar su situación económica y
avanzar en su proyecto social, deben respetar nuestra soberanía,
dejar de lado todos sus intentos de forzar “arreglos”
entre el gobierno cubano y la oposición y dejar de inmiscuirse
en nuestros asuntos internos.
El gobierno de Cuba no va a
España a decirle a su homólogo como lidiar con ETA, ni
a Londres a sugerirle a Blair como tratar con España el
problema del Estrecho de Gibraltar, ni a Francia a decirle como debe
enfrentar sus problemas estudiantiles, migratorios, xenófobos
o laborales.
Sin pretender justificar los excesos y errores
cometidos y que incluso puedan seguirse cometiendo ocasionalmente,
como parte del proceso de agudización de la lucha de clases
que el propio Imperialismo ha precipitado y continúa
estimulando con sus agresiones de todo tipo y subvenciones a la
contrarrevolución interna, se hace imprescindible reconocer
que toda genuina Revolución es un proceso complejo de
aprendizaje, ensayo y error, renovación y perfeccionamiento en
todos los aspectos de la sociedad.
¿Será
necesario recordar los excesos de la Revolución francesa y de
los otros procesos revolucionarios que tuvieron lugar en Europa en
distintos momentos de la Historia? ¿Pero acaso los excesos de
la Revolución Cubana pueden compararse a los de otras
Revoluciones del siglo pasado?
“No vivo en una sociedad
perfecta”, canta el poeta Pablo Milanés, y todos lo
sabemos y por eso muchos luchamos porque avance y se mejore en todos
los sentidos, pero lo hacemos sin hacer la más mínima
concesión al imperialismo y sus secuaces. Estamos concientes
de que nuestras leyes, nuestra organización política,
social y productiva, nuestro Estado, nuestro sistema de
participación, nuestros sistemas de Educación y Salud
–con todos sus avances- deben ser mejorados y en algunos casos
hasta modificados sustancialmente.
Pero no, no es eso lo que
nos piden. Nos quieren imponer sus interpretaciones de los enunciados
de la Declaración Universal de Los Derechos Humanos. Nos piden
cambiar para más mercantilismo, más inversiones
extrajeras, más “libertad” para explotar el
trabajo ajeno, más democratismo burgués representativo
desligado de los intereses del pueblo, manos sueltas para la acción
de la contrarrevolución, en fin crear las condiciones para la
restauración capitalista que eufemísticamente llaman
transición a la democracia. Esos “derechos” no los
van a tener nunca en Cuba los que intenten restaurar el capitalismo
por cualquier vía, sépanlo de una buena
vez
“Transición democrática” para
restaurar el capitalismo NO. El tipo de transición que desea
nuestro pueblo ya fue escogido desde 1961 cuando declaró el
carácter socialista de nuestra Revolución y la Historia
ha enseñado que para serlo, el socialismo debe ser
participativo, democrático, autogestionario e inclusivo.
Tenemos que perfeccionar nuestros “Derechos” sí,
pero nuestros derechos para mejorar nuestra calida de vida, para
hacer más real la socialización que es decir la
participación de los trabajadores en la propiedad y en la
distribución del excedente conseguido por el esfuerzo de
todos, para desmontar todas las trabas internas que impiden hacer más
eficiente la participación popular en las decisiones que nos
afectan a todos y en los gobiernos de la comunidad, para impulsar la
integración bolivariana, para seguir haciendo
internacionalismo revolucionario, para defender nuestras conquistas y
seguir avanzando hacia más socialismo.
Pero todo eso
es asunto que nos compete a los cubanos. Cómo lograrlo, ése
es nuestro problema.