Carta abierta al Comandante en Jefe Fidel Castro;
un artículo de Tadeo Sevilla


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Compañero Fidel:

Todavía recuerdo, como tantos, la tarde del 31 de julio del pasado año, cuando el compañero Carlos Valenciaga, frente a las cámaras y micrófonos de la Televisión Cubana, dejaba saber a Cuba y al mundo de su repentina y grave enfermedad. Una proclama que nos consternó a todos, ante la incertidumbre de lo que realmente podía estarle sucediendo.

Ese 31 de julio estaba lejos de la Patria, en tierra hostil y en medio de nuestros más repulsivos enemigos. Viví en excepción las peores muestras de odio y rencor que pueden convivir debajo de la piel de quienes solo conocen el polvo de la derrota. Caminé entre una jauría sedienta de venganza y dejé grababa para toda la vida, la imagen de podredumbre moral de quienes abdicaron a su condición de cubanos para venderle el alma al mejor postor.

No me avergüenza reconocer que sentí temor. Un temor natural ante una eventualidad que amenazaba su vida y que se realzaba al no estar en la proximidad inmediata de un pueblo entero que se mantenía en vilo. Solo la confianza a una Revolución sólida, genuina y eternamente cubana, a pesar de la distancia geográfica, me hizo reafirmarme con seguridad, que la batalla de ideas seguía su rumbo victorioso.
No creo que la historia recoja espectáculo más abominable que el que se vivió en Miami en ese momento. La mentira y la desinformación tomaron la vanguardia para tratar de confundir, pero terminaron mostrándole al mundo la verdadera ralea que se esconde temerosa debajo del pellejo de un exilio frustrado a solo noventa millas de la dignidad.

Cientos de horas de radio y televisión y páginas completas de periódicos y revistas de Miami se destinaron a sembrar el caos, a tergiversar la realidad, a engañar miserablemente a la opinión pública. No olvido los maratones diarios que hacía el dominicano Oscar Haza en su programa televisivo “A Mano Limpia” por el canal 41 América Tevé, presentando médicos, astrólogos, cubanólogos y traidores para que dieran fe de sus patrañas o las convocatorias radiales de Armando Pérez Roura a través de los micrófonos de Radio Mambí, llamando a lanzarse a las calles para festejar su muerte anunciada.

No olvido tampoco las falacias de Ninoska Pérez Castellón en sus programas de radio, poniendo en entredicho los partes médicos, acompañada de una caterva de supuestos especialistas que trataban de convencer a los cubanos emigrados sobre la falta de autenticidad de las fotos publicadas en los primeros momentos de su convalecencia o al reportero Juan Manuel Cao, demostrándonos en cada espacio noticioso su verdadera condición de mercenario.

Tampoco olvido la enorme frustración en cada esquina de Miami, cada vez que salía en televisión un video donde, aún con las huellas de los malos tiempos pero firme como un Caguairán, nos daba la satisfacción de saber que teníamos la Patria en las manos seguras de su timonel. 
Un año después, seguimos confiando en su restablecimiento, mientras la Patria avanza segura que nuestra Revolución es indestructible. La nueva hornada de dirigentes que usted legó, son deudores de un compromiso que se selló con sangre hace 54 años en los paredones del cuartel Moncada el 26 de julio de 1953 y jamás dejará grietas para que el enemigo gane terreno en su afán de ver a nuestro pueblo de rodillas frente a las botas del Imperio.

Aunque no esté en la primera línea de combate, seguiremos confiados en el futuro, porque usted sigue y seguirá representando el liderazgo y la dignidad de todo el Tercer Mundo. Aún en su ausencia temporal, Cuba sigue erguida como el bastión indestructible de todos los pobres y desposeídos del planeta, en el enfrentamiento a un mundo globalizado y desigual que no deja alternativas a la supervivencia de la especie humana.

Este año transcurrido ha sido fructífero en la batalla de ideas. El protagonismo de Cuba al frente del Movimiento de Países No Alineados se deja sentir cada día con más fuerza en el mundo. La nueva Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas reconoció la falsedad de los constantes ataques del Imperio contra nuestra Isla asediada. Recién acaba de celebrarse la primera graduación de la Universidad de Ciencias Informáticas y como enorme muestra de altruismo internacionalista, cientos de profesionales de la salud de diversos países acaban de graduarse en Universidades cubanas.

Esa es la Revolución que usted forjó al lado de nuestro pueblo. Eso es lo que no soportan nuestros enemigos y su cohorte de mercenarios radicados en Miami. Ver como la Patria de todos los cubanos crece a pesar de las calamidades y como se renueva sobre la base de sus propios errores. De ahí sus campañas difamatorias, sus intentos de agresión y sus feroces escándalos propagandísticos. Esa irracionalidad ante una verdad irrebatible, es lo que los compulsa a estimular las deserciones e instigar la traición de los débiles.

Esté seguro Comandante, que esos mal nacidos no empañaran jamás la gloria de todo un pueblo. Por cada traidor que se venda a cambio de los billetes del Imperio o por cada mercenario que, equivocada y torpemente trate de constituirse en quinta columna  dentro de nuestra tierra, se alzarán los verdaderos héroes que forman parte de este pueblo que se siente orgulloso de sus líderes, su Revolución y su Socialismo.
Miami se regocija cada vez que a sus calles llega un renegado que no supo vivir con la dignidad necesaria y con la ingratitud clavada en las entrañas hacia la Patria que los forjó. Pero por cada uno de estos desclasados que solo sueñan con un minuto de gloria material, Cuba se siente orgullosa de sus verdaderos héroes, los que aman y construyen a pesar de las dificultades.

Héroes genuinos de la Patria son René, Gerardo, Fernando, Ramón y Antonio, nuestros cinco patriotas encarcelados en las mazmorras del Imperio ante su inclaudicable convicción de luchar contra el terrorismo. Héroes de la Patria son los hombres y mujeres que se enfrentan a la contrarrevolución y aseguran la defensa del país. Héroes son Maylín, Mariela, Driulis, Yorgenis, Mijain, Yagniel, Correa, Ugás y todos los medallistas en los Juegos Panamericanos que defendieron orgullosos el estandarte que representan.

Heroico es nuestro pueblo, que se ha mantenido firme por estos 48 años, con la esperanza de ver crecer a un proyecto social de indiscutible valía y fiel a su certera dirección a pesar de los malos augurios de nuestros vecinos del Norte. Un pueblo que jamás a dudado en dar el paso al frente en la construcción del Socialismo a lo largo y ancho de la Isla, en las selvas de Cuito Cuanavale, en el desierto de Ogadén, en los cerros de Caracas o en el altiplano boliviano.

Sabemos que está muy feliz, como todo nuestro pueblo, con los resultados obtenidos por la delegación cubana a los XV Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, al mantener el segundo lugar del medallero en el continente americano. Sabemos también que su salud se recupera y a pesar de no verlo enfundado en su glorioso uniforme verde olivo como nos tiene acostumbrados, confiamos que muy pronto estará como uno más entre el pueblo que le espera.

Este 31 de julio cumpliré 193 días de haber regresado a la Patria después de una larga ausencia, con el entusiasmo y la convicción de quien sabe que la verdadera historia se construye codo a codo y en todos los rincones de esta tierra irredenta. Y estar en Cuba al lado de mi pueblo, me da la enorme satisfacción de desearle larga vida para seguir juntos la ruta de dignidad e independencia que usted nos ayudó a forjar.

Le aseguro que haré mis mejores votos porque su salud se recupere y Cuba, América Latina y el mundo, siga teniendo por muchos años ese espejo de coraje y decoro que se llama simplemente: FIDEL.

¡Hasta la Victoria Siempre, Comandante!




Tadeo Sevilla


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