AL PRIMER Y AL ÚLTIMO SOLDADO DEL EJÉRCITO INVASOR,

 LES DIRÉ…

(VOCES CONTRA EL INVASOR)


Wilkie Delgado Correa
comandantefidel.org 12.06.2006

Sostengo que los conquistadores e invasores no tienen futuro. Es una conclusión que se fundamenta en las lecciones de la historia desde que el mundo es mundo. Obsérvese el conjunto de naciones que hoy integra a las Naciones Unidas, y luego analícese el pasado de cada uno desde centurias o siglos. Unas participaron en conquistas imperiales, y, en su tiempo,  dichos imperios parecieron eternos. Generalmente el exterminio de pueblos y la destrucción de campos y ciudades fueron una constante de esos pueblos descomunalmente fuertes y belicosos. Las razones que esgrimieron, han esgrimido –algunos siguen esgrimiendo-, fueron muchas veces –quizás en todas las ocasiones- propósitos e ideas bienhechoras para las tierras pisoteadas. Y en aras de las mismas, asolaron sin piedad cuanto se opuso a su paso. En esos territorios ajenos implantaron su régimen político con la ayuda de cuantos personajes estuvieron dispuestos a traicionar lo mismo su causa que la patria. Allí y acullá exigieron que, rodilla en tierra, se veneraran la figura de sus caudillos y de sus dioses, además que se asumieran sus formas de vida y sus sistemas de valores. En todas partes, sembraron el terror, practicaron los más infames escarmientos ante la resistencia y la rebeldía de los oprimidos, ejecutaron el más colosal despojo de toda la riqueza material y cultural. Sólo la vida espiritual siguió escapada en los escondrijos del ser.

 

   Esa herencia nefasta llega hasta hoy. Algunos de aquellos imperios sólo han quedado como una página vieja de un libro de historia. Otros, que abarcaron y se dividieron el mundo de uno a otro confín, si bien en determinados casos son naciones poderosas del primer mundo y aún conservan viejas y nuevas ínfulas, en comparación con lo que fueron, son naciones reducidas sólo, generalmente, a sus límites naturales primigenios. Sin embargo, aún hoy almacenan en sus arcas y en su geografía física, toda la riqueza despojada a los otros pueblos. ¿Acaso hace falta citar esas naciones? Sus hordas invasoras fueron siendo destruidas al paso del tiempo por pueblos grandes y pequeños, y a pesar de que jamás esos imperios fueron generosos en conceder la independencia por las buenas, fueron obligados a las malas y a un alto precio de vidas, a salir del territorio ocupado, generalmente en un acto postrero que implicó una humillación aplastante para el imperio vencido..

 

   Pero en el mundo de hoy, cuando tantas manifestaciones de civilización y cultura debe haberse acumulado en la humanidad, hay una superpotencia hegemónica, los Estados Unidos, que coligada con otras que ayer fueron imperios, pretende retomar los caminos de los anteriores imperios que en el mundo fueron. Desprecia tanto a los pueblos inferiores y más pequeños, que actúa torpemente como si pensara que el mundo estuviera poblado sólo de Jeremías, y no existieran Sísifos suficientes como para desafiar cuantos anatemas y condenas pretendan imponerles.

 

   Sí. Hay que decirlo. Quieren imponer al mundo la ley de la selva y hacer añicos la Carta de las Naciones Unidas y todos los principios del derecho internacional, que han sido productos y resultados de los esfuerzos de toda la humanidad por preservar cosas sagradas como la paz, la independencia, la soberanía, la libredeterminación, el desarrollo y los mejores valores civiles, políticos, sociales, económicos y culturales de las personas y de los pueblos.

 

   Hoy es noticia de todos los días lo que está pasando en las naciones invadidas y ocupadas. Sucesos que afectan más a los habitantes de los países que sufren la conquista, pero también sucesos que van diezmando a los invasores. Es la lucha eterna que se libra entre los que atacan porque son invasores en tierras ajena y los que resisten en tierra propia, y en ese pedazo del mundo que se llama patria. No esperen los invasores que la ocupación por días, años o siglos significará la victoria definitiva de su causa. Cada día y cada año que pase sus botas sentirán más movedizo el suelo que mal pisan con su prepotencia, poco a poco se irán hundiendo en el lodazal que se ha ido formando ante tanta sangre injustamente derramada. Poco a poco les atrapará el miedo que los aterrará día y noche, más lenta o rápidamente irán cayendo muertos y se quedarán allí o retornarán sin vida al mismo sitio desde donde partieron. Y un día cualquiera, en un espacio menor o mayor de tiempo, tendrán que salir de la tierra que nunca pudo amarlos, pero sí odiarlos, porque no se puede adorar a los victimarios y porque tanta afrenta y genocidio no se olvidan ni se perdonan. Ni un átomo de simpatía recogerán en el camino de partida o huída.

 

  Al pensar y reflexionar en estos temas que hoy estremecen e indignan a la humanidad sufrida, recordé estas palabras de Martí, el Maestro de mi pueblo: “…sobre cimientos de cadáveres recientes y de ruinas humeantes no se levantan edificios de cordialidad y de paz. No la invoquen los que la hollaron. No quieran paz sangrienta los que saben lo que ha de ser”, y en forma natural  me surgieron estos versos, que  espero que sirvan para la meditación de invasores e invadidos.

 

   El mensaje VOCES CONTRA EL INVASOR puede provenir de un protagonista imaginario, pero siempre real, que puede ser un niño o un anciano, un hombre cualquiera, varios o muchos hombres, o quizás mejor, un país entero. El primer y último soldado de la tropa, pueden pertenecer a uno cualquiera de los ejércitos de las naciones que hoy invaden o mañana invadan ilegítima e injustificadamente a nuestras tierras. 

 

 

                                 VOCES CONTRA EL INVASOR

                                 

                                 Me quedaré aquí sobre esta roca

                                 Para ver pasar al ejército invasor.

                                 Al primer soldado de la columna

                                 Le diré que van a ser vencidos

                                 Y que su tropa no tiene futuro.

                                 Al pasar el último soldado,

                                 Le gritaré:

                                 ¡Ríndete, te has quedado solo!

                                 Tu ejército ya ha sido derrotado

                                  Por mi pueblo.