FIDEL CASTRO: LA VIDA DEL COMBATE Y DE LOS PRINCIPIOS


   Wilkie Delgado Correa

comandantefidel.org 16.05.2006

 

En el juicio por los sucesos del ataque al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, ante una pregunta del Fiscal, Fidel respondió con firmeza:

 

- “Sólo contábamos con nuestro propio esfuerzo y con la ayuda de todo el pueblo de Cuba”.

 

- Entonces, ¿solamente con el pueblo?, insistió el Fiscal.

 

   Fidel respondió:

 

- Sí, con el pueblo. Yo creo en el pueblo...

 

   Ése ha sido el norte de toda su vida: La fe y creencia en el pueblo.

 

   Por los hechos protagonizados en el Moncada, Fidel y sus compañeros pasaron a cumplir los años de condena, la cual se prolongó durante 458 días. Ayer 15 de mayo se cumplió el 51 aniversario de que él y sus compañeros fueron liberados por la acción y presión del pueblo de Cuba frente a la tiranía de Batista.

 

   De Fidel son estas reflexiones desde la cárcel:

 

1

 

   “Anoche no fue solamente la oscuridad y la soledad, sino también la lluvia. Apenas oscureció comenzó a tronar con insistencia, después un relampaguear incesante cortaba cada segundo la negrura de la noche, iluminaba la celda por los altos ventanales y dibujando sobre los rincones la sombra de los barrotes.

 

   Al poco rato inició un furioso aguacero. El agua arrastrada por el viento, penetraba los ventanales sin más protección que las rejas, mojándolo todo impunemente.

 

   Hice cuanto pude por proteger los libros dentro de las maletas  colocándoles una frazada arriba.

   La cama, entretanto, se empapó, el piso se llenó de agua y un aire frío cargado de una lluvia fina lo invadía todo.

 

   En un rincón, calados los huesos de humedad y frío, esperé con infinita paciencia el fin del vendaval.”

 

  

2

 

   “Hace cuatro meses y una semana que me tienen encerrado en esta celda solitaria. Sólo tengo compañía cuando en la pequeña funeraria que está delante de mi celda tienden algún preso muerto que en ocasiones son ahorcados misteriosos, asesinatos extraños en hombres cuya salud fue aniquilada a fuerza de golpes y torturas.

 

   Pero no puedo verlos porque hay perennemente una mampara de seis pie de alto frente a la única entrada de mi celda para que no pueda ver ningún ser humano, ni vivo ni muerto. Sería demasiada magnanimidad permitirme la compañía de un cadáver.”

 

   Estos fragmentos constituyen una magnifica narración de un hombre que contempla la naturaleza y su entorno a través del prisma del encierro en una prisión que no pudo dominar su espíritu rebelde y su visión revolucionaria, que aún conserva con la misma lozanía de los primeros tiempos de la lucha.