FIDEL CASTRO: LA VIDA DEL COMBATE Y LA VIRTUD

  Wilkie Delgado Correa

comandantefidel.org 17.05.2006

 La Revista Forbes ha vuelto a la carga con su calumnia sobre la supuesta fortuna de Fidel. No se puede olvidar que una campaña gigantesca y sistemática se ha orquestado durante años contra Cuba, contra la Revolución Cubana y su líder Fidel Castro, incitada públicamente o en las sombras por el imperio y sus corifeos. Enemigos naturales y jurados han participado en forma demencial en la misma, tal como siempre lo han hecho a lo largo de más de cuarenta años.  A veces también la han realizado, conscientes o no, engañados o arrepentidos, algunos intelectuales críticos, que cual avestruces han enlodado sus miradas y sus voces, y parecen no mirar de frente, desde sus urnas de cristal, a la tempestad fascista que se prepara a arrasar con todo vestigio de dignidad y rebeldía en estas tierras dolorosas de nuestro mundo. Incluso son muchas las especulaciones sobre qué pasará después de su desaparición física.

   En esta hora crucial de la humanidad es bueno que amigos y enemigos tengan bien definida la respuesta sobre el líder de la Revolución Cubana.

   Fidel Castro lideró el Asalto al Cuartel Moncada bajo la inspiración de José Martí, en 1953, año del Centenario de su Natalicio, a quién denominó, en su alegato La Historia me absolverá, como el Autor Intelectual del asalto armado a la fortaleza.

   Son muchos los matices y las valoraciones que sobre el líder de la Revolución Cubana existen en el mundo en dependencia de las ópticas particulares de quienes los realizan.

   Yo no sé como ven a Fidel la gama de los enemigos que andan dispersos por el mundo. Pero imagino que la visión enlatada y “vendida” por muchos medios de información y centros de poder, pudieran producir resultados ficticios como éstos. Unos le verán como un engendro tropical capaz de provocar las más alucinantes pesadillas. Otros pensarán que todos los días se baña en la sangre de sus compatriotas. Algunos lo imagi­narán con un inmenso látigo que descarga fieramen­te sobre las espaldas de cada cubano. Muchos lo verán como un fantasma peligroso que recorre el mundo con una tea incendiaria. Quizás algunos le imaginan saliendo del averno, con mirada terrible, para provocar el espanto de “las angelicales almas que habitan las tierras pacíficas del mundo”. Otros quizás afirmen que se trata de un vulgar ladrón de vidas y haciendas que bien se merece un linchamiento a lo Ku Klux Klan. Habrá quienes piensen que pretende adueñarse del mundo y que pone por ello en peligro mortal la sacrosanta y endeble seguri­dad de los Estados Unidos. Otros pensarán que es un tipo con suerte y que es una lástima que ningu­no de los atentados fraguados contra su vida haya tenido éxito. Unos dirán que es un judas, porque  traicionó este o aquel credo particular de los dicentes. Algunos considerarán que es un manipula­dor malintencionado de los errores y situaciones socio económicas del bien estructurado mundo capitalista actual. Unos pensarán que les tronchó sus sueños individuales de posesión ilimitada de riquezas, sus aspiraciones de explotación de todo género, sus vocaciones y ansias de maldades y miserias humanas, en fin, sus naturales inclina­ciones innatas o adquiridas, que el creador puso en sus almas y destinos como algo inmanente e intocable de sus personas y, por tanto, de sus “sagrados” derechos humanos. Tal vez algunos piensen que es una verdadera virtud de seres elegidos, el hecho de no compartir con Fidel ninguno de sus criterios y actos. Y hasta quizás algunos le respeten y admiren por su forma de ser y de ac­tuar, pero no quieren o no pueden estar de acuerdo con lo que dice y hace, y por eso mismo le llevan la contraria. Quizás unos consideren que la obra revolucionaria de la que ha sido su protagonista principal, es un ensayo que ha sumido a su país en el más rotundo fracaso de su historia, y del cual nada se salva en los órdenes político, económico, social y espiritual. Tal vez otros enemigos, los traidores y desertores, piensen para sus adentros en la razón de su enemistad íntima y visceral: el resentimiento enfermizo por faltarles el valor y las condiciones humanas para poderle seguir en su infatigable marcha hacia la cúspide moral y en su lucha a muerte contra las fuerzas terribles y colosales que le han asediado continuamente.

   En fin, hay de todo esto en el espectro de las visiones y las opiniones que reflejan los enemigos sobre la figura de Fidel, y algunas de las más connotadas aparecen en la Ley Helms Burton.

   Sin embargo, sabemos demasiado bien como ven a  Fidel Castro sus compañeros y amigos así como los pueblos, no importa las cercanías o distancias que existan en sus relaciones entrañables, no importa en la lengua en que se expresen, no importa las coincidencias o divergencias de los juicios o ideas que se inter­cambien, no importa las coyunturas o circunstan­cias favorables o adversas que se presenten, no importa que se aspire o pretenda enfrentar su misma suerte o destinos, acompañarle o no en todas sus batallas, sus fracasos y victorias.

   Para todos esos que comparten compañerismo y amistad, compromiso, admiración, respeto y simpatía con el líder cubano, él es simple y llanamente Fidel, una persona con la cual se intercambia fraternalmente un saludo, un apretón de manos, un abrazo, unas palabras, o una larga conversación, una anécdota, un chiste, una reflexión o una descarga indignada, el anuncio de acontecimientos felices o tristes; con el cual se comparte una reunión o se tiene un encuentro ocasional en una calle, un camino vecinal, una casa, un campamento, una fábrica, un hospital, un campo de cañas, un aeropuerto, un pedazo de tierra nacional o ex­tranjera. En fin, uno de esos sitios cualquiera donde se encuentran siempre o de vez en cuando los compañeros o amigos.

   O tal vez sean las distancias o las ausencias las que despiertan nostalgias por no verle personal­mente y constituyan un motivo para sentirlo cerca en el corazón y en el recuerdo, o llevarlo con nosotros en una foto, en un periódico, en un libro, en una postal, en una conversación con la familia y con otros amigos. En fin, !hay tantas formas de llevar con nosotros a los compañeros y   amigos!. Y por eso Fidel no es una excepción.

   También Fidel es sencillamente el Comandante o el Comandante en Jefe, que es un modo, no de verle distante por su cargo y autoridad, sino de acer­carle o acercarnos más a la misma trinchera com­partida del deber y del honor. Esas dos formas constituyen el reflejo de la familiaridad y el calor sentimental en las rela­ciones humanas entre Fidel y nosotros, sus compa­ñeros y amigos, hermanados con él a través de lazos tal vez más fuerte que los de la misma sangre común.

   Por todo lo que puede significar un compañero y un amigo verdadero, que es como decir un hermano, de Fidel podemos afirmar, como Camilo, que más fácil nos sería dejar de respirar, que dejar de ser fiel a su confianza, o decir con el Ché, y a nuestra manera, que seguimos admirándole sus dotes de estadista, brillante ayer en los días luminosos y tristes de la Crisis de Octubre, inmenso hoy después del derrumbe del socialismo en Europa; que sentimos a su lado el orgullo de pertenecer a un pueblo revolucionario; que nos enorgullecemos de haberle seguido sin vacilaciones, identificados con su manera de pensar y de ver y apreciar los peligros y los principios; que seguimos adelante con la fe que nos ha inculcado, con sus enseñanzas y su ejemplo; y, finalmente, que ante los avatares peligrosos de la vida, trataremos de serle fieles hasta las últimas consecuencias de nuestros actos.

   A Fidel nos unen muchas afinidades e identifica­ciones, muchos valores que dan sentido a la vida, muchas visiones y sueños que sirven de rumbo para el quehacer revolucionario, rebeldías para intentar una y otra vez transformar los mundos chicos y grandes.

   Coincidimos con el Ché en su visión genial de la síntesis de su gran personalidad, y admiramos en Fidel su trayectoria de liderazgo indiscutible y consecuente, su audacia, fuerza y valor, su espí­ritu de dignidad y sacrificio, su extraordinario afán de auscultar siempre la voluntad del pueblo, su capacidad de aglutinar, de unir, cerrándole el paso a la división que debilita y destruye, su capacidad de asimilar los conocimientos y las experiencias, para comprender el conjunto de una situación dada sin perder de vista los detalles, su capacidad de dirigir a la cabeza de todos la acción del pueblo, su entrega y posición interna­cionalista, su capacidad de ver siempre más lejos y mejor que sus compañeros; su amor infinito al pueblo, a los trabajadores, a los humildes de la tierra, su fe en el futuro y su capacidad de preverlo; por construir de la nada el aparato formidable de la Revolución Cubana.

   Pero junto a esos valores indiscutibles, en Fidel reconocemos su extraordinario apego y culto a la verdad; su natural modestia en la grandeza; su cohibido gesto de niño grande ante los demasiados elogios merecidos, un antídoto natural contra el llamado culto a la personalidad, que no propicia; su infinita sensibilidad ante los dolores y sufri­mientos de los individuos y del pueblo; su delica­deza en el trato personal, esa forma llana de acercarse a la gente, de igual a igual, como si siempre se tratase de conocidos; esa pasión vehe­mente en la defensa de lo que cree, construye y sueña; esa crítica perenne y salvadora contra los errores y entuertos de su propia obra; ese perdo­nar magnánimo ante las traiciones a su persona y esa firme condena ante las felonías que exponen a su patria a peligros mortales; ese asombroso sentido y espíritu fundador; ese optimismo imbati­ble de lucha y de victoria permanente sobre lo imposible.

En estos tiempos convulsos permeados de tanto egoísmos, se admira en Fidel esa capacidad de renovar los sueños hasta el infinito, convertir en realidad lo que para todos parecía imposible, tal como aspira y demuestra en la práctica la posibilidad de alfabetizar a pueblos enteros, tal como propone y logra salvar de la ceguera a miles y millones de seres pobres de nuestro mundo, tal como se entusiasma, promete y concreta la formación de miles de médicos procedentes de los sectores pobres para poner remedio a la insalubridad y falta de atención sanitaria para los pueblos subdesarrollados, tal como se conduele del sufrimiento humano y ofrece y manda contingentes de médicos hacia los países bajo los efectos devastadores de las catástrofes naturales con las consiguientes tragedias humanas.

    Por todas esas y muchas razones más, así sentimos y percibimos a Fidel Castro. Así lo queremos y admiramos sus compañeros, sus amigos, sus hermanos, que es como decir su pueblo y otros pueblos del mundo.

   Fidel Castro ha dado una aplastante respuesta a la afirmación calumniosa de la revista Forbes sobre la supuesta fortuna que atesora. Quienes conocen a Fidel y al carácter virtuoso de la Revolución Cubana saben que la noticia de Forbes es pura hojarasca y vilipendio, y que mucha prensa del mundo se ha hecho eco de esa información mentirosa y canallesca, con intención marcada de divulgar lo que interesa a los amos que mueven los hilos tras bambalinas. Es un ejercicio inútil contra alguien, como Fidel, que tiene toda una vida presidida por la virtud y el sacrificio más acendrados, y que por eso mismo es su escudo protector y su mejor defensa contra los dardos y el veneno que sus enemigos pretendan disparar y regar.

    El pensamiento de Fidel  tiene una riqueza extraordinaria para nutrir el mundo espiritual  de la humanidad y la formación de sus valores y aspiraciones. Sus ideas han sido la guía para la construcción de una nueva sociedad en Cuba. Aún se lucha por su perfeccionamiento y el alcance de metas superiores  en lo humano y en todos los aspectos diversos que pueden hacer posible una felicidad plena. Estas ideas también se propagan a hombres y pueblos de otras partes del mundo.

  Sobre aspectos que conciernen con el sentido de la vida y los valores que lo sustentan, son estas ideas. Las primeras corresponden a un fragmento de una carta escrita desde el Presidio Modelo, y se refieren a la necesidad de asumir la vida austera como un paradigma.

  "Valdré menos cada vez que me vaya acostumbrando a necesitar más cosas para vivir, cuando olvide que es posible estar privado de todo sin sentirme infeliz. Así he aprendido a vivir y eso me hace tanto más temible como apasionado defensor de un ideal que se ha reafirmado y fortalecido en el sacrificio. Podré predicar con el ejemplo que es la mejor elocuencia. Más independiente seré, más útil, cuanto menos me aten las exigencias de la vida material.”

   Las siguientes ideas, se refieren a la virtud de la verdad. En un mundo donde prevalece una confusión ideológica entre lo real y lo ficticio, entre la verdad y la mentira, hace mucha falta meditar en la filosofía revolucionaria que encierra estas palabras:

   "Nos casaron la mentira y nos obligaron a vivir con ella. Por eso parece que el mundo se hundiera, cuando escuchamos la verdad; como si no valiera la pena que el mundo se hundiera, antes que vivir en la mentira.”

   Sólo habría que añadir que se impone que la humanidad viva en la verdad, sólo así se salvará el mundo y se alcanzará, al fin, la felicidad humana. Y que más independiente seremos, más útiles, cuanto menos nos aten las exigencias de la vida material, tal como ha expresado Fidel.

 (Se autoriza la libre reproducción de este material por cualquier vía, pues importa sobretodo que la verdad prevalezca en el mundo en esta hora que las fuerzas imperiales pretenden que imperen sus mentiras. El autor)