¿HASTA CUANDO LA
VIOLACIÓN FLAGRANTE DE LA CARTA DE LAS NACIONES UNIDAS?
Wilkie Delgado Correa
comandantefidel.org 22.04.2006
La
Paz es una aspiración
legítima de la humanidad desde tiempos remotos frente a la
barbarie de las guerras. En la Carta de las Naciones Unidas (26 de
junio de 1945) se expresa que los pueblos de las Naciones Unidas:
“resueltos a preservar las generaciones
venideras del flagelo de la guerra, que dos veces durante nuestra vida ha
infligido a la humanidad sufrimientos indecibles,
a reafirmar la fe en los derechos
fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona
humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres de las Naciones
grandes y pequeñas,
a crear condiciones bajo las cuales puedan
mantenerse la justicia y el respeto a las obligaciones emanadas de los
tratados y de otras fuentes del derecho internacional,
a promover el progreso social y a elevar el
nivel de vida dentro de un concepto más amplio de la libertad,
y con tales finalidades, a practicar
la tolerancia y a convivir en paz como buenos vecinos,
a unir nuestras fuerzas para el
mantenimiento de la paz y la seguridad internacionales, a asegurar, mediante la aceptación
de principios y la adopción de métodos, que no se
usará la fuerza armada sino en servicio del interés
común, y
a emplear un mecanismo internacional para
promover el progreso económico y social de todos los pueblos,
hemos decidido aunar nuestros esfuerzos para
realizar estos designios”.
En el artículo 1 se
señala: “Los Propósitos de las Naciones Unidas son:
1.
Mantener la paz y la seguridad
internacionales, y con tal fin: tomar medidas colectivas eficaces para
prevenir y eliminar amenazas a la paz; y lograr por medios
pacíficos, y de conformidad con los principios de la justicia y
del derecho internacional, el ajuste o arreglo de controversias o
situaciones internacionales susceptibles de conducir a quebrantamiento
de la paz,
2.
Fomentar entre las naciones
relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad
de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y
tomar medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”
¿Cuándo la
humanidad se librará del pensamiento guerrerista que impera en
los dirigentes de algunos Estados del mundo, a pesar de que son
miembros de las Naciones? ¿Hasta cuando ocurrirá la
violación flagrante de la Carta y de los principios del Derecho
Internacional aprobados por la ONU? ¿No se escuchan actualmente
los tambores de la guerra contra Irán, expresados en todos los
tonos de noticias alarmantes sobre el desenlace posible en torno a una
controversia sobre el uso pacífico de la energía nuclear?
Es deber de todos denunciar y
combatir a aquellos que libran guerras crueles e injustas contra otros
pueblos, para erigir sobre sus ruinas el pedestal de su poderío
soberbio y aniquilador. También es necesario denunciar las
amenazas continuas ante cualquier diferendo, y la proclamación
del ilegítimo derecho a los ataques armados preventivos.
La guerra
iniciada por los Estados Unidos contra Irak, con la alianza de
Inglaterra y España, se hizo a contrapelo de la decisión
del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Es, por tanto, una
guerra ilegal. Es también una guerra inmoral porque se
fundamentó en mentiras y en un arsenal de presupuestos
ideológicos que hacen añicos todo el andamiaje del
derecho internacional. Es una guerra contra la humanidad, y es por eso
que suscitó y suscita la reacción indignada de los
pueblos de todo el mundo, incluyendo los propios pueblos de las
naciones líderes de la agresión. Es una guerra
innecesaria e injusta, cuyos resortes íntimos se apoyan en la
filosofía del despojo de las riquezas de Irak (el
petróleo) y en el espurio menosprecio a la
autodeterminación y soberanía de los pueblos.
El trío de gobernantes
que encabezaron la agresión de Irak: Bush, Blair y Aznar,
son pigmeos políticos con ínfulas de emperadores. Los dos
últimos actuaron como perrillos falderos del mayor de la misma
especie. Ocuparon Afganistán e Irak, ¿y qué? En la
actual coyuntura cabe afirmar que más tarde o más
temprano, los pueblos los lanzarán al basurero de la historia:
ese final que merecen los cobardes y canallas. Ya Aznar es un fantasma
político de sólo triste recordación para el pueblo
español y otros pueblos. Aún falta el turno para Blair y
Bush, y la historia no perdona a la gente de mala entraña, y
menos a genocidas y criminales de lesa humanidad.
¡Vamos
a ver quienes vencerán de verdad!