El gesto de defensa de la justicia en medio de todas
las circunstancias adversas y en contra de los poderes prevalecientes
e involucrados en su época, lo inmortalizó con su Yo
acuso, alegato en favor del capitán
Alfred Dreyfus,
en forma de carta
abierta al presidente de Francia M. Félix
Faure..
En 1894, el Caso
Dreyfus salió a la luz, pues se acusó de espionaje
al capitán Alfred Dreyfus de alta traición. Pese a las
declaraciones de inocencia del acusado, se lo condenó a
cumplir cadena perpetua en la isla
del Diablo, en la Guayana
francesa.
No obstante las nuevas
evidencias reveladas en 1896, que demostraban su inocencia, los
tribunales militares se negaron a revisar el caso
Dreyfus y trataron de acallar el escándalo, pero no
lograron evitar que algunos rumores alertaran a personalidades de la
izquierda.
En
1897 se promovió
una campaña de prensa en Le Figaro para exigir que se
revisara el juicio de 1894
y se rompió la conspiración de silencio.
Zola,
consciente de los riesgos que corría, planteó la
cuestión ante la opinión
pública en su célebre carta al presidente
de la República, titulada «Yo acuso» publicada
el 13 de enero
de 1998 en L'Aurore. La polémica se generalizó en el
país.
Por esta carta Zola debió
enfrentar juicio, condena y el exilio.
Semanas después se confirmó que el documento que se
utilizó para comprometer a Dreyfus en el juicio era falso. El
Tribunal
Supremo, que había empezado a revisar el expediente
Dreyfus en junio, ordenó la revisión del caso.
Dreyfus
fue trasladado a Francia,
se sometió a un segundo juicio
y de nuevo le condenan los tribunales militares, que no accedieron a
reconocer el error judicial que se cometió antes. Hasta el 12
de julio de 1906
no obtuvo Dreyfus la rehabilitación en el ejército.
Habían
transcurridos doce años desde la acusación falsa de
espionaje, la condena de cadena perpetua y la prisión,
injustas todas, de Alfred Dreyfus, el defendido de Zola.
Hoy
el mundo vive una experiencia parecida que aún no tiene
desenlace. Se trata del caso de los cinco Héroes cubanos
acusados injustamente de conspiración para espionaje, en cuyo
expediente no aparece la más mínima prueba para
sostener la acusación y por otra parte en el mismo fallo del
Tribunal de Apelaciones de Atlanta eso quedó explícito.
No obstante, como en el caso Dreyfus, el tribunal, por segunda vez,
si bien recomendó modificaciones de condenas en el caso de
tres de los acusados, convalidó las acusaciones y las condenas
de los cinco cubanos acusados y presos injustamente desde hace más
de diez años.
Sin embargo, hay una
cuestión agravante. En el caso Dreyfus el Tribunal Supremo de
Francia acogió la revisión del caso. En el caso de
René, Gerardo, Antonio, Ramón y Fernando, los conocidos
mundialmente como los Cinco Héroes, la Corte Suprema de los
Estados Unidos, a pesar de todas las razones que llegaron a sus manos
para justificar la revisión, como nunca quizás en la
historia de esa institución, se negó a conocer las
verdades evidentes que fundamentaban la justa petición. Con
ello cometió un crimen imperdonable contra la ética más
elemental y los principios de justicia.
Por
eso no nos extrañemos, si hoy, más de un siglo después
de su muerte, la voz, el espíritu y las ideas de Emilio Zola
se levantan indignados, con la misma, convicción y fuerza de
su época, de su tumba gloriosa para defender esta vez con
indignación agigantada por el sufrimiento infligido por el
sistema penal y el gobierno de los Estados Unidos a cinco hombres
inocentes.
Hoy el Yo acuso de Zola,
vigente como nunca, recogiendo circunstancias, realidades políticas
y sociales, personajes involucrados y hechos reales relacionados con
la causa de los cinco Héroes, expresa al Presidente actual de
los Estados Unidos, Barack Obama, lo que por derecho le corresponde
escuchar y lo que por justicia le corresponde decidir. Oigamos en la
voz de Emilio Zola los argumentos que aún constituyen verdades
en nuestro tiempo.
J'ACCUSE...!
LETTRE AU PRESIDENT BARACK OBAMA
Monsieur
le Président, Barack Obama
Mr.
President, Barack Obama
Señor
Presidente, Barack Obama
¿Me
permitís que, complacido por las promesas hechas al pueblo
norteamericano y al mundo de cambios presididas por su consigna de
yes we can, que despertaron la simpatía de muchos o de todos,
según el asunto prometido, me preocupe de vuestra gloria y os
diga que vuestra estrella, tan feliz hasta hoy, está amenazada
por la más vergonzosa e imborrable mancha?
Habéis
salido sano y salvo de bajas calumnias, habéis conquistado los
corazones, habéis alcanzado el alto sitial de la presidencia
de los Estados Unidos a pesar de su procedencia étnica
afro-norteamericana, habéis hecho realidad un sueño
quizás mayor que lo soñado por su raza y su líder
Martin Luther King. Aparecisteis radiante en la apoteosis de la
fiesta patriótica que inauguraba su victoria electoral y luego
a la asunción a la presidencia, y os preparáis para
llevar a cabo sus promesas de gobierno en medio de una crítica
situación de su país y del mundo, que debe coronar esta
gran etapa de trabajo, de verdad y de libertad, si es que está
dispuesto a llevar a cabo los muchos cambios que necesita su nación
y este mundo que nos pertenece a todos, corriendo los riesgos que eso
entraña necesariamente.
¡Pero
qué mancha de cieno sobre vuestro nombre - debo decir sobre
vuestro mandato de gobierno - puede imprimir este abominable proceso
de los cinco Héroes cubanos! Por lo pronto, la Corte Suprema
de los Estados Unidos, coincidiendo con el pedido de la fiscalía,
de su gobierno y, por lo tanto, de Ud. mismo, se atrevió a
rechazar la solicitud de revisión de esta causa que ha sido la
más acompañada y la más respaldada por amicus de
la Corte en toda su historia. Este acto ha representado una bofetada
suprema a toda verdad, a toda justicia. Y no hay remedio. Estados
Unidos conservará esa mancha y la historia consignará
que semejante crimen social se cometió al amparo de vuestra
presidencia, si Ud. que tiene las facultades constitucionales y las
virtudes humanas para hacerlo, no se decide a revertir, de un plumazo
presidencial, en forma valiente y justa, este proceso que hoy ofende
a la humanidad.
Puesto que se ha obrado
tan sin razón, hablaré. Prometo decir toda la verdad y
la diré a pesar de que el sistema judicial ha actuado con una
oscuridad infame como para que no encontremos las verdades que son
tan evidentes para quienes actúen en forma desprejuiciada
apegados a la ley, a la razón y a la ética. Es mi
deber: no quiero ser cómplice. Todas las noches me desvelaría
el espectro de los inocentes que expían a lo lejos cruelmente
torturados, un crimen que no han cometido.
Por
eso me dirijo a vos gritando la verdad con toda la fuerza de mi
rebelión de hombre honrado. Estoy convencido de que ignoráis
lo que ocurre en todos los detalles, aunque algo debe saber por su
condición de presidente y hombre inteligente.
¿Y
a quién denunciar las infamias de esa mafia cubano-americana,
coligada con personajes policíacos, administrativos,
judiciales, políticos y mediáticos, que son los
verdaderos culpables, sino al primer magistrado del país? Ante
todo, la verdad acerca del proceso y de la condena de los cinco
Héroes cubanos.
He aquí,
señor Presidente, los hechos que demuestran cómo pudo
cometerse, más que un error, una infamia judicial. Y las
pruebas morales, como la actitud digna, el carácter
excepcionalmente virtuoso, la misión noble de preservar vidas
frente a actividades terroristas conocidas contra su patria, el
continuo clamor de inocencia de esos cinco hombres.
Sin
causa justificada para ello, la mafia y los agentes policíacos
corruptos de Miami, acabaron de ofrecerlos como víctimas de
las extraordinarias maquinaciones del medio terrorista y mafioso en
que se movían, y del odio a los cubanos de la Isla, a los
cuales les han tratado de hacer la vida imposible a fuerza de
agresiones miles que se han mantenido en la impunidad durante
cincuenta años.
Han pasado más
de diez años y muchas conciencias permanecen turbadas
profundamente, se inquietan, buscan, y acaban por convencerse de la
inocencia de los cinco cubanos. No es extraño, por lo tanto,
que diez Premios Nobel, parlamentos enteros o grupos de
parlamentarios de distintos países, personalidades y
organizaciones de los más variados credos, incluyendo
prominentes personalidades sociales y del sector de la
jurisprudencia, hayan conformado amicus a favor de esta causa en un
número y una calidad sin precedente en la historia de la Corte
Suprema.
No historiaré las primeras
dudas y la final convicción de que en el caso de los Cinco no
existe la menor prueba de espionaje, y esto fue reafirmado por
testigos de alto nivel pertenecientes a las Fuerzas Armadas de los
Estados Unidos. En ese expediente no existe constancia de pruebas que
estuvieran relacionadas con la seguridad del país, y sí
informaciones que estaban vinculadas con grupos criminales y
terroristas asentados de Miami, y los cuales eran el objetivo de las
misiones de los cinco acusados.
Inmediatamente
de la detención de los cinco cubanos, a cargo de una Operación
dirigida por Héctor Pesquera, jefe del FBI en Miami, éste
ni corto ni perezoso, como ilustre miembro corrupto de ese cuerpo,
antes de imponer a sus jefes en Washington, llamó e informó
a los congresistas Lincoln Díaz-Balart e Ileana Ros-Lehtiner
para informarles del asunto. Comenzaron así las novelerías
folletinescas, en la que reconozco los medios ya usados por la fértil
imaginación de los vocingleros órganos de comunicación
de Miami, proclamando a los cuatro vientos la acusación infame
de espías para los cinco cubanos, campaña que aún
continúan, pues nunca se cansarán de inventar, decir y
propalar mentiras contra Cuba.
Por tanto,
el primer juicio llevado a cabo en Miami contra toda lógica y
fundamento legal, por ser un medio fundamentalmente hostil para los
acusados, condujo a la condena injusta, más allá de la
carencia de pruebas. Las sanciones fueron criminalmente severas.
La
revisión del caso por el panel de tres jueces ante la
apelación en el Tribunal de Atlanta, concluyó con un
fallo coherente en que se cuestionó la celebración del
juicio en Miami, se anularon las sentencias y se ordenó un
nuevo juicio en otro territorio neutral. Parecía, por lo
tanto, que la revisión del proceso era el desquiciamiento de
una novela folletinesca, tan extravagante como trágica, cuyo
espantoso desenlace mantenía en prisión injusta a los
cinco acusados.
Así comenzó
el duelo entre los abogados de la defensa y la fiscalía. Esta
recurrió el fallo y otro panel de tres jueces, ésta vez
con un nuevo miembro, ponente y reaccionario para mayor desgracia, se
encargó de analizar la esencia del caso y finalmente introdujo
variantes al fallo del tribunal de Miami y entró en
contradicción con el fallo primero del panel de tres jueces.
La apelación ante la Corte de Atlanta en pleno fue adversa
para los acusados. La última esperanza legal dependía
de que la Corte Suprema de los Estados Unidos acogiera la revisión
del caso, y para lo cual contó con razones más que
suficientes para hacerlo en forma honorable. Sin embargo, cometiendo
un crimen contra la justicia, rechazó el caso tal como se lo
pidiera la fiscalía, en nombre del gobierno.
En
el fondo no hay más que una cosa: el sistema judicial
defendiéndose y evitando confesar su crimen, cuya abominación
aumenta de hora en hora. ¡No, eso no! Por lo demás queda
demostrado que el proceso de los Cinco Héroes no es más
que un asunto político relacionado con Cuba. Por lo tanto, lo
repito, no pueden aparecer inocentes sin que todo el Gobierno de los
Estados Unidos aparezca como culpable. Por esto todos los medios que
les ha sugerido su imaginación y que les permiten sus
influencias, tratan de hundir a los cinco Héroes.
¡Ah!,
qué gran barrido debe hacer el Gobierno que Ud. preside en
esas cuevas policíacas y jurídicas corruptas. ¿Cuándo
vendrá la decisión gubernamental verdaderamente fuerte
y patriota, que se atreva de una vez a refundarlo y renovarlo todo?
Conozco a muchas gentes que ante las decisiones judiciales que le
comento, tiemblan de angustia, ¡porque saben en qué
manos esta la justicia nacional! ¡En qué albergue de
intrigas y compromisos creados se ha convertido el sagrado asilo
donde se supone reine la plena legalidad y la justicia! Espanta la
terrible claridad que arroja sobre aquel antro el asunto de los
Cinco; el sacrificio humano de cinco hombres despreciados por su
condición de cubanos leales. ¡Ah! se han agitado allí
la demencia y la estupidez, maquinaciones locas, prácticas de
baja policía, costumbres inquisitoriales; el placer de algunos
políticos venales que viven escandalosamente de la nación,
ahogando en su garganta el grito de verdad y de justicia bajo el
pretexto, falso y sacrílego, de razón de estado. ¡Esa
verdad, esa justicia que nosotros buscamos apasionadamente, las vemos
ahora humilladas y desconocidas!
Yo
Acuso a Héctor Pesquera, jefe del FBI
en Miami, cuyos intereses y relaciones corruptas con la mafia de
mafia lo condujo a una actuación ingloriosa, en la que no
faltaron maquinaciones descabelladas y culpables.
Yo
Acuso a la jefatura nacional del FBI por su
actuación débil y cómplice al aceptar la
actuación inconsulta de Héctor Pesquera, a pesar de
contar de antemano, tres meses antes, con informaciones recogidas por
esa institución en la Habana, Cuba, relacionadas con los
planes terroristas que se planeaban desde Miami contra Cuba, y cuya
misión fue cumplida por orden expresa del presidente William
Clinton y sus asesores de Seguridad Nacional, ante un mensaje directo
de Fidel Castro que fue transmitido por el escritor Gabriel García
Márquez. El compromiso comunicado por el FBI a las autoridades
cubanas de reciprocar información en una semana se convirtió
en la detención de los cinco cubanos, fuente de muchas de las
informaciones, y de un largo silencio que dura hasta la
actualidad.
Yo Acuso a
los fiscales actuantes en la causa durante el juicio en Miami, por su
falta de ética y legalidad durante su desempeño
profesional y por haberse hecho cómplices de las maquinaciones
de la mafia cubano-norteamericana, con los cuales mantuvieron y
mantienen lazos estrechos.
Yo Acuso a la jueza Joan Lenar por haber actuado con una
parcialidad monstruosa durante el juicio, lo cual permitió un
fácil resultado de culpabilidad de todos los cargos y las
sanciones desproporcionadamente severas e injustas.
Yo Acuso a los
miembros del jurado que actuaron en el tribunal de Miami
por plegarse a la campaña de miedo reinante en Miami y
decidirse en un santiamén a brindar su fallo de culpabilidad
en uno de los juicios más complejos, largos e importantes
celebrados en los Estados Unidos.
Yo
Acuso al Tribunal de Miami por haber condenado a
los acusados fundándose en falsedades y al Tribunal de
Apelaciones de Atlanta por haber cubierto esta ilegalidad,
cometiendo el crimen jurídico de condenar conscientemente a
unos inocentes, si bien introdujo posibilidad de modificaciones de
penas en tres casos y aportó elementos de juicios válidos
para una posible rectificación legal que no llegó a
producirse dentro del sistema judicial norteamericano.
Yo
Acuso a la Corte Suprema.de los Estados
Unidos por cometer un crimen contra la justicia al rechazar la
solicitad de revisión del caso de los Cinco, con suficientes
méritos jurídicos, éticos y políticos
para su aceptación.
Yo Acuso a
la mafia cubano-norteamericana que ha vivido durante cincuenta años
a expensas de las campañas de difamación y de las
agresiones terroristas contra Cuba, por orquestar en su condición
de turba exaltada las viles calumnias y crear el clima intolerante
necesarios para provocar la condena de los cinco cubanos presos..
Yo
Acuso a la prensa radial, escrita y digital
de Miami por actuar como mastines azuzados por las mafias miamenses y
haber hecho una campaña abominable para manchar la imagen de
los Cinco, extraviando a la opinión pública
Yo
Acuso a los grandes medios nacionales de
prensa por el manto de silencio tendido para impedir que la verdad de
la causa de los Cinco se ventilara ante opinión del
pueblo norteamericano y se desmitificara la conjura de espionaje
montada tan vilmente en su contra.
Yo
Acuso al presidente William Clinton por su
deshonrosa actuación en el caso de los Cinco, porque es
conocido que por iniciativa de Fidel Castro, y ante informaciones de
planes macabros de terrorismo que se planificaban contra la aviación
e instalaciones fuera y dentro de Cuba, se pidió a Gabriel
García Márquez, amigo del presidente, transmitirle un
mensaje que éste se aprendió con el método
repetitivo de un escolar y transmitió a sus asesores de
Seguridad Nacional con una fidelidad de genial Premio Nobel de
Literatura. La respuesta fue el envío rápido a Cuba de
una delegación del FBI, de alto nivel, para conocer de primera
mano las informaciones, las cuales fueron suministradas oralmente y
con profusión de detalles en pruebas de diverso formato. Esta
delegación se comprometió en brindar una respuesta que
nunca llegó. A pesar de todos estos hechos, ante la detención
del FBI de los Cinco cubanos, el presidente Clinton no movió
ni un dedo para imponer el orden que merecían las
conversaciones y acuerdos sobre este sensible asunto. ¡Cuánta
cobardía y deshonra entraña la inacción en una
materia que comprometía la honra y credibilidad de las
instituciones de un país como Estados Unidos!
Y
por último: Yo Acuso al
presidente George W. Bush por haber sostenido durante su mandato, a
través de la Fiscalía y otros órganos
gubernamentales, una política de venganza contra los Cinco,
tratando de descargar su odio directamente contra ellos, ya que no
pudo hacerlo en forma directa sobre su pueblo, rabioso por su
impotencia de entregarle Cuba, en bandeja de plata, a la mafia, tal
como le prometiera en su campaña electoral y después de
ocupar la presidencia.
En cuanto a las
personas a quienes acuso, debo decir que ni las conozco ni las he
visto nunca, ni siento particularmente por ellas rencor ni odio. Las
considero como entidades, como espíritus de maleficencia
social. Y el acto que realizo aquí, no es más que un
medio revolucionario de activar la explosión de la verdad y de
la justicia. Sólo un sentimiento me mueve, sólo deseo
que la luz se haga, y lo imploro en nombre de la humanidad, que ha
sufrido tanto y que tiene derecho a ser feliz. Mi ardiente protesta
no es más que un grito de mi alma. Que se atrevan a llevarme a
los Tribunales y que me juzguen públicamente. Así lo
espero.
Sepa Ud., Monsieur le Président
Obama, que espero que Ud. honre con su actuación el prestigio
que merece el pueblo norteamericano, pues cómo dijera el
Maestro de los cubanos, ”de la justicia no tienen nada que temer los
pueblos, sino los que se resisten a ejercerla:” ”Se pelea mientras
hay por qué, ya que puso la Naturaleza la necesidad de
justicia en unas almas, y en otras la de desconocerla y
ofenderla”.
Finalmente
espero, junto a millones de personas que respaldan la liberación
de estos cinco hombres extraordinarios, que nunca fueron
espías, que Ud. sepa escuchar el clamor que llega desde todas
partes del mundo, incluyendo los Estados Unidos, y actúe con
la alteza suficiente para lavar el honor de la nación
norteamericana. Por favor, no guarde silencio en este caso, no
permanezca inmóvil e insensible como una piedra. Le recuerdo y
alerto que ”ver en calma un crimen es cometerlo”.
(Nota:
El autor ha respetado el espíritu del alegato y ha tratado de
respetar, en todo lo posible, los elementos argumentales y textuales
del documento original de Zola, cuya vigencia y atenencia son
innegables para el caso de los cinco Héroes cubanos. Se
autoriza la libre reproducción de este material en función
de la lucha por su liberación.
19/6/2009